Hiperactivas: los riesgos de tener que estar en todo

Muchas de nosotras nos desdoblamos en múltiples tareas. ¿Cómo hacer para que no nos gane el estrés?

Hoy en día, atender diferentes frentes a la vez parece ser una de las "virtudes" mejor valoradas en las mujeres.

Trabajar, ocuparse de las tareas domésticas, dedicarle tiempo al cuidado de los hijos y la pareja, buscar tiempo y espacio propios, mantener una vida social activa y, como si fuera poco, cuidar la estética forman
parte de una dinámica exprés que las lleva a exigirse y presionarse cada vez más.

Existe un término relativamente nuevo para denominar esta habilidad de jugar diferentes roles al mismo tiempo: el multitasking.

En realidad es un concepto que viene de la informática y la capacidad de las computadoras y procesadores de ejecutar dos o más tareas a la vez, y que fue adaptado por varias disciplinas para describir una creciente tendencia social. Está tan naturalizada esta idea, que incluso se han realizado estudios para verificar quiénes son más efectivos en esto de estar en todo, competencia en la que las mujeres se impusieron a los hombres.

Hay quienes prefieren utilizar un término menos mecanicista y describir a este tipo de mujeres como "mujeres maravilla", haciendo alusión justamente a la desmedida demanda de habilidades que se les hace, más propia de personajes ficticios que de sus posibilidades reales.

Son estos mismos quienes explican que este fenómeno existe por varias razones: por las necesidades económicas que se comparten con el hombre y la necesidad de realizarse personal y profesionalmente, sumadas a las presiones culturales y el mandato social de formar una familia, que aún es muy fuerte.

"No está formalizado el término, pero sabemos que es un conjunto de situaciones que caracterizan a este tipo de mujer que tiene una vida desarrollada en todas las esferas y en todos los ámbitos, es un resultado de una mujer muy sometida durante varios años que comienza a florecer y empieza a crecer en el ámbito profesional y la sociedad lo reconoce", expresó Doris González Rhode, directora del
Departamento de Salud y Bienestar Integral del Tecnológico de Monterrey.

Tiene un costo
Mientras socialmente la habilidad para dividirse en mil partes está sobrevalorada, en la práctica las consecuencias se hacen notar en lo físico y en lo emocional.

El no poder cumplir con las expectativas o el no poder estar al 100% en cada situación, lleva a muchas mujeres a sufrir estrés y ansiedad y hasta depresión.

Si bien no hay que abandonar los análisis sociológicos más profundos de este fenómeno, ni minimizar las particularidades del contexto en que cada una vive, a nivel individual es imprescindible establecer prioridades.

En este sentido es bueno cuestionarse qué cosas forman parte de nuestro deseo personal, qué cosas son producto de la presión social y cuáles son efecto de una necesidad.

Aunque conocer estas cosas quizás no cambie la situación –posiblemente no puedas optar por dejar de trabajar, por ejemplo- sí te ayudará a organizarte mejor, a delegar y compartir responsabilidades, y a evaluar los costos y beneficios a largo plazo.


Algunas ideas para minimizar las presiones
Anticipar y planificar: si ya sabés que tenés un día cargado, es fundamental ser lo más previsora posible. Por ejemplo, planificar la mejor ruta para llegar al trabajo.

Hacer pausas: sin afectar la agenda, se pueden planificar momentos de relajación y practicar, por ejemplo, ejercicios de respiración o de estiramiento si estuviste sentada varias horas.

Ser realistas: el secreto de las personas emocionalmente sanas es estructurar metas realistas que, sin dejar de ser ambiciosas, sean posibles de cumplir.
Confiar y delegar: es muy importante poder apoyarse en otros, tanto en el ámbito familiar como en el laboral.

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