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Historia de una ruta ya pagada

Adriano Calalesina

La historia parece repetirse, primero como tragedia y después como farsa, tal como reza el trillado axioma marxista. Hace 20 años el ex presidente Carlos Menem inauguraba el puente Centenario-Cinco Saltos, en medio de un conflicto social donde reinaba la desocupación de más de un 18% y la proliferación de planes sociales.
Neuquén parecía “una isla”. De un lado de la pasarela se vivía “una fiesta”, y del otro proliferaban los insultos: dos mundos distintos entre Río Negro y Neuquén, tapados por una obra que prometía la integración. “A esos que insultan a mi madre yo les digo…”, fue la frase que inmortalizó Menem para retrucar las protestas de docentes, desocupados y de la resistencia de un grupo de vecinos a la instalación del cobro del peaje.
Allí comenzaba el marcado rechazo de vecinos a lo que iba a ser una de las farsas más grandes que padeció la localidad. Caminos del Comahue SA, la concesionaria de la calzada, recibía un préstamo de u$s 15 millones con cuatro años de gracia para construir los 15 kilómetros de y mantener la ruta. Hasta 2002, antes de la devaluación, ya se había recaudado unos u$s 20 millones, con un costo por vehículo de 75 centavos, con el cambio uno a uno. El peaje siguió hasta 2011, con un país devaluado y con un crédito que, a juzgar por los vecinos y el tiempo, se había amortizado unos 10 años atrás.
Hoy la ruta está hecha pedazos; no hay luz en un tramo de más de cinco kilómetros y el tránsito pasó de 8 a más de 17 mil vehículos por día; la 7 dejó de ser la ruta moderna  que era para pasar a ser un tramo caótico, que todos pagamos en cuotas. Ahora se viene una nueva etapa de promesas, pero en manos del Estado; ojalá algún día se cumplan.