{# #} {# #}
La formación policial es un oscuro secreto del que nadie que no es parte tiene la menor idea hasta que la infección tira pus a la cara del público. Eso pasó esta semana con los aspirantes a policía viralizados interpretando un estúpido verso homofóbico, fruto de la transmisión generacional de la conducción policial.
“Mi mamá me dijo a mí que yo era un varoncito, pero cuando vine aquí me dijeron mariconcito. Miren qué equivocados que están...” desentona un grupo de uniformados por las calles de la ciudad. El estúpido guión es parte de la formación de los futuros policías. Van a ser homofóbicas las reacciones de estos aspirantes cuando sean efectivizados. ¿Por qué no? Es lo que aprendieron. Eso será para ellos ser policías hidalgos hasta que queden sentados frente a un juez con riesgo de perder todo por ser como les enseñaron.
La instrucción para la represión del hampa con armas mortales provistas por el Estado involucra acciones que andan por la raya de lo legal, cuando no se van hasta la tribuna. Nadie se entera hasta que un escándalo salta a los medios. La reiteración no es un error. A veces ayuda repetir que los policías del futuro se instruyen con técnicas del pasado, de las que no se habla pero que se conocen los resultados. Sobran ejemplos de apremios y gatillo fácil.
No es un problema exclusivo de la Policía de Neuquén, pero esta vez los virales son jóvenes que esa fuerza está formando con perspectiva homofóbica. Mañana los mandará a la calle con un arma cargada con balas letales. Esta reiteración tampoco es inocente. La perspectiva homofóbica envalentonada con la posesión de un arma más el derecho a usarla es un peligro, no solo para los homosexuales. Sin dudas.