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Hume y la teoría cuantitativa de la moneda

Con la formalización de la teoría desarrollada por Bodino, Hume, Ricardo, Keynes y Fridman, entre otros, es posible llegar a una identidad matemática que no explica nada, pero que sirve para continuar pensando la naturaleza de la inflación.
Por Humberto Zambon

El tema preocupante de la Europa occidental durante el siglo XVI fue el aumento permanente de los precios, que hoy sabemos fue consecuencia del oro y plata que llegaba a raudales desde América. La inflación comenzó en Sevilla y se extendió primero por España y luego por los demás países. La primera explicación racional, y una de las primeras elaboraciones de la teoría económica, se la debemos a un francés, Juan Bodino (1529-1596), cuyo trabajo fue publicado en 1568. Siglos después en Salamanca se encontraron documentos que parecen indicar que un español, Martín de Azpilcueta, se adelantó en el descubrimiento, pero esto no le quita méritos al francés.
Bodino escribió sobre filosofía de la historia y del estado, además de dar la primera versión de la teoría cuantitativa de la moneda; a saber: que los precios varían proporcionalmente a la cantidad de dinero circulante.
David Hume (1711-1776), el destacado filósofo empirista inglés, dio una exposición más completa y la asoció a la balanza de pagos del país: si en un país las exportaciones superan a las importaciones (balanza comercial positiva) va a entrar oro por lo que el aumento del dinero disponible va a hacer aumentar los precios y, a largo plazo, se van a perder las ventajas comerciales que favorecían a sus exportaciones y se va a tender al equilibrio de la balanza comercial. Estas ideas fueron tomadas como base por la escuela clásica y, en especial, por David Ricardo en su teoría del comercio internacional y los ajustes automáticos. Pero más interesante aún, Hume sostuvo que a corto plazo el ingreso de oro iba a favorecer la producción local; es decir, además del ajuste mediante el aumento de los precios, iba a haber también un ajuste por el lado de las cantidades producidas: es lo que desarrolló Keynes con su concepción de la política monetaria casi dos siglos después. Es para reflexionar que el filósofo Hume se adelantara tantos años a ideas centrales de Ricardo y de Keynes, dos de los economistas más influyentes de la historia de la economía.

Formalización
Volviendo a la teoría cuantitativa de la moneda, ésta parte de una idea muy simple: cuando alguien compra determinada cantidad de un bien, por ejemplo dos resmas de papel, expresado en pesos está comprando dos multiplicados por el precio unitario de la resma; como contrapartida, entrega al vendedor la misma cifra en dinero. Lo podemos representar así: cantidad de dinero “M” = cantidad de mercaderías “T” por el precio unitario “P”. Es decir, M = P x T.
Con el mismo criterio, podemos sumar todas las ventas realizadas durante un determinado lapso (por ejemplo, un mes o un año). Pero del lado del dinero hay una complicación: el que recibe un billete porque vende, lo utiliza después para comprar; es decir, cada billete circula más de una vez. Si llamamos “V” a las veces promedio que cada unidad monetaria pasa de mano (velocidad de circulación), nuestra igualdad quedaría así:
M x V = P x T
Donde M es el total de dinero existente, V la velocidad de circulación promedio del dinero, y P x T, que es la suma de todas las operaciones realizadas en el lapso considerado, y que podemos interpretar así: “P” precio unitario promedio ponderado y “T” cantidad de de todos los bienes transados.
La fórmula, por la forma en que se construyó, más que una igualdad es una identidad, ya que se cumple siempre. De todas formas, es útil para mostrar distintos aspectos del  fenómeno inflacionario:
La ortodoxia económica parte del supuesto que en equilibrio hay ocupación plena de todos los factores de la producción, por lo que la cantidad producida de bienes “T” no puede aumentar, es un valor dado. Por otro lado, la velocidad de circulación del dinero “V” depende de aspectos institucionales, como la periodicidad en abonar los salarios (por quincena o por mes, por ejemplo), por lo que también la debemos considerar como un valor dado. Si observamos la fórmula, nos quedan sólo dos variables operativas: los precios “P” y la cantidad de moneda “M”: los aumentos de “M” producen aumentos de P, es decir, inflación. Conclusión: la inflación es un fenómeno puramente monetario. Si hay inflación es porque el Estado emite dinero en exceso.
Si observamos nuevamente la fórmula de la teoría cuantitativa y mantenemos el supuesto de “V” como valor dado, una economía en crecimiento implica aumentos permanentes de “T”; para que no haya iliquidez, “M” debe aumentar a la misma tasa de la que crece la producción “T”. Esta regla fue enunciada por Milton Friedman, el más famoso de los monetaristas y cabeza de la Escuela de Chicago, premio Nobel de 1976.
Para Keynes lo normal en el capitalismo no es la ocupación plena sino la existencia de capital y trabajo desocupados. Los aumentos de M, entonces, van a producir aumentos en el resultado de la multiplicación P x T, pero en cualquiera de los dos factores: si hay desocupación, en un principio va a aumentar más la cantidad producida que los precios hasta que se acerquen a la ocupación plena y, entonces sí, los aumentos serán sólo por el lado de los precios. Es la posibilidad de la política monetaria activa para combatir a la desocupación.
Cuando la inflación crece la gente trata de desprenderse del dinero; busca comprar rápido para ganarle a la suba de los precios; esta conducta está muy fresca en la memoria colectiva de nuestro pueblo. Como todos hacen lo mismo; consumidores, comerciantes, industriales, aumenta cada vez más la velocidad de circulación “V”, lo que implica aumentos sucesivos en “P” y generando un círculo vicioso: aumentan los precios, aumenta la velocidad de circulación del dinero, aumentas los precios… es la espiral hiperinflacionaria.
En conclusión, la fórmula de la teoría cuantitativa no explica nada (es una tautología, dicen los lógicos, porque siempre es verdadera) pero es muy útil como herramienta para la exposición del tema.