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Huyeron de la guerra y se refugiaron en Neuquén

Dos jóvenes sirios llegaron de la mano de un hijo de inmigrantes y trabajan en el Mercado Concentrador.

SOFÍA SANDOVAL
ssandoval@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
Mientras controla el ingreso de las cargas en el Mercado Concentrador de Neuquén, Iusef Mohamed se complace al oír el jadeo del motor del autoelevador y el chirrido de los frenos que friccionan contra el asfalto en la playa de maniobras. Son sonidos que se traducen en la seguridad de saber que está a miles de kilómetros de otros ruidos: los de las explosiones y los coches bomba que atacan en Siria, su país natal.

Iusef tiene el acento sirio marcado en cada palabra que chapucea en un español que aprendió con notable rapidez. Posee además un papel que lo certifica como refugiado desde hace diez meses, cuando ingresó al país junto a su amigo Husine Ganhem a través de las fronteras brasileñas.

Pedro Barakat, hijo de inmigrantes sirios, les ofreció trabajo y contención.

El joven de 25 años viene de la provincia de Tartus, en Siria, cuya ciudad cabecera recibió el mes pasado dos atentados del Estado Islámico. Allí, una vez que explotó el coche bomba y la gente se congregó a ayudar a las víctimas, un atacante suicida detonó el cinturón de explosivos que cargaba. Saldo total: 40 muertos.

“Hay días buenos y otros más o menos, pero todo el mundo está en la guerra”, señala Iusef sobre la omnipresencia del conflicto bélico, que tuvo un trato más amable con Baniyas, la ciudad donde vivía el joven. “Al principio no había bombas, pero hace poco estalló una en una terminal”, explica.

Al terminar el colegio, Iusef pidió una prórroga en la exigencia obligatoria al servicio militar y estudió una carrera relacionada con la logística y el transporte. Sin embargo, cuando concluyeron los estudios buscó irse como una alternativa para no acercarse a las armas. “El Ejército es mucho problema, uno entra en el servicio y todo el mundo va a la guerra”, asegura.

En ese contexto, conoció a Pedro Barakat, un neuquino hijo de inmigrantes sirios que visitó el país en enero y se encontró con Iusef y Husine a través de sus familiares. Luego de un largo proceso que los llevó por las oficinas de Migraciones de Brasil y la ciudad de Buenos Aires, los jóvenes arribaron a Neuquén con el sello de refugiados en su documentación.

“Hace unos días los llamaron de Migraciones para que les den el documento de extranjeros”, señaló Barakat sobre los jóvenes, y aclaró que trabajan para él con todos los papeles en regla en uno de los puestos del Mercado Concentrador.

Contención y futuro
Husine, de 24 años, llegó a Neuquén junto con Iusef y los dos comparten el trabajo y un departamento que alquilan en el centro de la ciudad. Ni bien arribaron, hace tres meses, fueron acogidos por los Barakat, quienes los integraron como un miembro más de la familia. Con el correr de los días consiguieron adaptarse más y Pedro asegura que ya salen con amigos nuevos.

Husine tiene pelo cortado al ras, un cuerpo atlético y un par de ojos oscuros de mirada despierta que se maravillan ante los paisajes naturales del sur. Posee además el paladar adaptado a la yerba mate, ya que Siria importa el 67 por ciento de este cultivo exportable en Argentina. “En Siria no hay diferente”, dice en español sobre esta infusión.

Aunque ya jugaron un partido de fútbol y prueban los platos argentinos, Iusef prefiere quedarse en casa a cocinar shawarma y otras recetas de su país natal. “La comida árabe es la mejor”, dice entre risas y asegura que todavía no probó las ofertas de esas comidas étnicas en Neuquén. Husine, en cambio, ve con mejores ojos la comida argentina y dice que la carne local es la mejor de todas las que ha probado.

Si bien por su calidad de refugiados tienen la posibilidad de traer a familiares directos, Husine aseguró que por ahora no sabe si pedirles que se muden al sur. Por su parte, Iusef aclaró que por el momento no pretende traer a su familia, ya que la ciudad donde viven tiene una relativa calma dentro del clima de guerra. Mientras tanto, él los extraña desde la tranquilidad de Neuquén, con la mirada puesta en un futuro incierto.

“Por ahora tengo este trabajo que se parece un poco a la logística, pero no sé qué voy a hacer en el futuro”, señala el joven. Sólo sabe que, a corto plazo, su objetivo es preparar los platos típicos para una fiesta de colectividades, una palabra que está aprendiendo a pronunciar.

Husine, en cambio, resiste impasible el trabajo esforzado dentro del Mercado y sueña con tener un mejor dominio del idioma en el futuro cercano para poder reforzar sus estudios de ingeniería electrónica y trabajar luego en ese campo. “La suerte puede estar junto a mí”, se entusiasma.

Tradición
Una costumbre que une: el mate

A pesar de tener religiones y culturas diferentes, los sirios y los argentinos se unen por un hábito: el consumo del mate. La costumbre llegó al país árabe alrededor de los años 30, cuando los sirios que habían emigrado hacia Argentina regresaron a su país de origen con una nueva bebida para compartir.

Según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate, Siria es el país no productor de yerba que más consume el producto después de Uruguay. Los sirios compran 25 millones de kilos por año.

Husine Ganhem, el refugiado sirio que vive en Neuquén, explicó que el sabor es igual al argentino, con la diferencia que ellos preparan el mate en pequeños vasos de vidrio y lo toman de forma individual. “Si se reúnen cinco personas, verás cinco mates sobre la mesa”, explicó.

CIFRA
4,8 millones de refugiados sirios buscan asilo en el mundo.
El 95 por ciento solicitan protección en países cercanos como Líbano, Turquía, Jordania, Irak y Egipto, y apenas unos 300 habían ingresado en Argentina a principios de año. Según la ONU, los refugiados son personas que se encuentran fuera del país de su nacionalidad a causa de fundados temores de ser perseguidas por cuestiones de raza, religión, nacionalidad o pertenencia a un determinado grupo y no puedan o no quieran acogerse a la protección de su país.

FRASES
“En Siria hay días buenos y otros más o menos, pero todo el mundo está en la guerra”.
“El Ejército es mucho problema, uno entra en el servicio y todo el mundo va a la guerra”.
Iusef Mohamed 25 años
“Por ahora tengo este trabajo (en el Mercado Concentrador) que se parece un poco a la logística, pero no sé qué voy a hacer en el futuro”.
“Allá todo es muy difícil, caro, se trabaja mal, no hay amigos porque están todos muertos”.
Husine Ghanem 24 años

Se inició con revueltas populares
Una guerra de 5 años y 470 mil muertos

El conflicto en Siria comenzó en 2011 a partir de las revueltas populares contra el presidente Bashar el Assad en una ola de rebeliones conocida como la Primavera Árabe. Los enfrentamientos entre el Gobierno y los manifestantes dieron paso a una guerra civil a partir de la formación del Ejército Sirio Libre y el Gobierno logró mantenerse en el poder gracias al apoyo de aliados internacionales como el estado de Irán. Más tarde, los yihadistas entraron al conflicto a través de organizaciones como el Estado Islámico y declararon capital de facto la ciudad siria de Raqqa, desde donde luchan contra todos los bandos. En 2014 una coalición liderada por Estados Unidos inició bombardeos sobre el país y en 2015 se sumó Rusia, que atacó grupos a rebeldes y fortaleció el gobierno de Assad. El país está ocupado por fuerzas sirias del Gobierno y la oposición, así como fuerzas turcas y Estado Islámico.

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