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Intuición de abuela

Pablo Montanaro

Estela de Carlotto es la cara visible de un grupo de mujeres que no se entregaron a la muerte, sino que se unieron en el dolor para luchar por encontrar a sus nietos, los hijos de detenidos-desaparecidos nacidos en cautiverio, robados y entregados a otras familias durante la última dictadura.
Siempre sostuvo que lo que motivaba a las Abuelas de Plaza de Mayo, además de encontrar a esos centenares de nietos, era la necesidad de “dejarles un país diferente”, con garantías de que no tengan miedo de hablar, ni de participar.
Cuando sobrevino el golpe militar, Estela ejercía la docencia en la Escuela 43 de La Plata. En abril de 1978 se integró a Abuelas a raíz de la desaparición, en noviembre del año anterior, de su hija Laura, militante de la Juventud Universitaria Peronista, quien estaba embarazada de tres meses y cuyo bebé, Guido, nació en cautiverio en junio. Laura fue asesinada el 25 de agosto de ese año. Desde la justicia y sin venganza fue la forma en que Estela enfrentó el dolor en estos 36 años de búsqueda, con la imagen de su nieto en las calles por las que siempre lo buscó. Recorriendo el mundo, recogiendo cualquier objeto que fuera un recuerdo para mostrarle a él todos los lugares por donde lo buscó.
A Estela se le hizo realidad ese sueño que ya se le cumplió a otras 113 abuelas. La sangre comparada le dijo: “Soy tu nieto: Guido”. A Guido (Ignacio Hurban), el pianista que alguna vez tocó en Música por la Identidad, su abuela Estela le escribió en una carta para sus 18 años que “en tu corazón y en tu mente llevás sin saberlo todos los arrullos y canciones que Laura, en la soledad del cautiverio, susurró para vos cuando te movías en su vientre”. Una intuición, de abuela.