El robo millonario de José López es tan inadmisible como la sociedad que construimos desde que el General Roca plantó bandera para quedarse para siempre en las plazas de Argentina. A pocos días para que Argentina festeje sus 200 años de independencia, no podremos decir que nos despojamos de la corrupción imperante en cada estrado de la sociedad. La acción es tan corrosiva que se suele escuchar la temible frase: "Que los políticos roben, pero que hagan algo". Lo de el ex secretario de Obras Públicas K es patético, pero no escapa a la realidad de un país que sigue expectante la inminente legalización en el Congreso del blanqueo de capitales. Lo de López es miserable, pero no hizo más que confirmar lo que se sabe. Porque las coimas existen y hasta en la provincia de Neuquén hubo una época donde tenían su porcentaje estipulado. La corrupción existió cuando la última dictadura militar endeudó al país para siempre, además de teñir las calles, la tierra y los mares de sangre. Porque durante la aclamada guerra por las Islas Malvinas se robaron las donaciones destinadas a los pibes que no volvieron nunca más. Lo de López es censurable, pero también el descaro de un funcionario que permite comprar más de dos millones de dólares por día. ¿A cuántos López apunta esa política?