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Juegos y pasatiempos de la niñez del Neuquén del ayer

Los autitos, las bolitas, la rayuela, el metegol y tantas otras actividades recreativas que divirtieron a los neuquinos durante décadas, quedan en la memoria de los más viejos.

Neuquén también tiene su historia contada desde el recuerdo de quienes fueron los más pequeños. Los juegos infantiles de cada región y sus historias expresan de manera genuina los rasgos más entrañables de su gente.

La crónica de los pasatiempos infantiles está enlazada -sin dudas- a las características geográficas del paisaje de ese Neuquén de ayer de calles de tierra y viento, de canales que se transformaban en balnearios improvisados durante la siesta, bardas que hacían las delicias de sus pequeños escaladores y la inocencia de una localidad que poco a poco dejaba de ser pueblo para convertirse en ciudad.

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Imaginar esos escenarios de juegos no es quizás tan difícil, con enormes patios que daban a los fondos de un descampado, con puertas abiertas y bicicletas apoyadas contra la pared. Con juegos propios que le daban la identidad a cada barrio y un área del centro con negocios y trajín diario le iba imponiendo el perfil de ciudad y al que se visitaba para acceder tal vez a la primera juguetería.

Los primeros derechos de los niños y niñas se formulan por primera vez en 1924, en Ginebra, por parte de la Sociedad de las Naciones y son aprobados recién en 1959 por la ONU. En nuestro país, es a partir de la década del 30 que se van constituyendo los derechos de la infancia en relación, más que nada, a la educación, actividades recreativas y las colonias de vacaciones.

Pirincho Escobar, un vecino neuquino que ya pasó largamente los 50, recuerda los juegos de su niñez en los que la creatividad superaban todas las barreras:

“Me crie en el Barrio Militar que está cerca de la que hoy se llama Avenida Mosconi y que era la Ruta 22, viví allí hasta los 10 años. Recuerdo que hacíamos carreras de autos de juguete para las que armábamos unas pistas tremendas de tierra y barro, que para secarlas cuando estaban terminadas les robábamos el secador de pelo a nuestras madres. A los autos los cortábamos para balancearlos poniéndoles piedritas u objetos metálicos.

Los patios de las casas eran grandes, de veinte por cincuenta, y ahí se armaban campeonatos de bolitas y demás, cuando no nos escapábamos para ir a jugar al fútbol con los más grandes. No estaba todo tan edificado, alrededor eran zonas que hasta no hacía mucho habían sido chacras, otras que seguían funcionando. Nosotros íbamos a pescar ranas con un amigo Raúl García, y después íbamos a cocinarlas y comerlas a la casa de él”.

Juegos y pasatiempos Neuquén

Muchos de los juegos de entonces han sobrevivido y se siguen enseñando en una tradición de padres a hijos y de abuelos a nietos. Otros fueron mutando hasta convertirse en una pasión de adultos, como en el caso de Cacho Aburto nacido en Neuquén en la década del 50:

“Nosotros, cuando éramos chicos en el Barrio La Sirena, jugábamos al trompo y a las “figuritas”; y, más que nada, a las “chapitas”, que eran las de las cervezas y de las gaseosas, y que las llevábamos a las vías del tren esperando que pase el “Zapalero”. Cuando pasaba las dejaba finitas y aplastadas sobre los rieles.

Y sobre todo jugábamos al fútbol. La Sirena siempre tuvo buenos equipos y nosotros el primer equipito que tuvimos fue el de “Los Halcones”, después se formó “La Sirena” y otro que se llamó “La Maquinita” que eran fabulosos.

A los 17 años me compré la primera bicicleta de carrera que tuve, una “Hispano-France” que pesaba como cincuenta kilos. Yo veía a los otros pibes con mejores bicicletas, pero bueno, a mí me tocaba trabajar para poder tenerla y realmente la apreciaba. Jugábamos también mucho al metegol, en ese entonces era muy común que hubiera muchos en los bares y en los negocios, y de grandes jugábamos también, pero por plata. Yo tenía un tío que me enseñaba a jugar y que ni bien me veía que tenía la pelotita que decía “asegúrelo sobrino, asegúrelo” y yo, donde la cazaba, era gol”.

Juan Carlos Swietarski, nacido en la vecina ciudad de Centenario y parte una familia de prósperos comerciantes de la zona, con muchas sucursales de negocios del ramo de las tiendas comerciales de la región, recuerda de modo nostálgico, el centro neuquino como lugar preferencial de diversiones infantiles:

“Nosotros vivíamos de chicos en Centenario, pero los sábados estábamos esperando el guiño de mi papá para llevarnos a pasear a Neuquén. Entonces era una fiesta que empezaba al prepararnos a eso de las 6 de la tarde. Mientras mi papá lavaba el auto, mi mamá se empezaba a preparar y a prepararnos la ropa que nos íbamos a poner. Mi papá estacionaba en el centro, que por esa época no era difícil estacionar y cenábamos en alguna de las confiterías en las que los mozos ya nos conocían y, para nosotros, era una fiesta.

Los domingos íbamos al río, que no estaba todo tan desarrollado como ahora, con paseos y las mejoras que se le han hecho, y disfrutábamos jugando en las escalinatas que tenía, subiendo, bajando y jugando a todo lo que te puedas imaginar. Era venir a jugar a Neuquén. Llevábamos de todo para meternos en el río cuando podíamos incluso cuando estaba helado, yo tenía dos flotadores con los que me iba animando desde la orilla. Domingos hermosos que pasábamos todo el día en el balneario con toda la familia, incluso mis abuelos se venían de Cipolletti para disfrutar con nosotros. Recuerdo los tremendos campeonatos que se armaban con los chicos cuando llegó el primer metegol.

Juegos y pasatiempos Neuquén

En el campo de Deportes de Neuquén se organizaban partidos de fútbol con equipos que representaban a todos los colegios. A mí me toco atajar para el colegio 109. Recuerdo que, aunque no existía el “Tercer tiempo” con ese nombre, se hacía de todos modos y las mamás de los chicos de Neuquén nos agasajaban a los pibes que veníamos como visitantes de las localidades vecinas”.

En el ensayo “Retablo de los juegos infantiles” del sitio Web “Acanomás.com” puede rastrearse la coyuntura política y social argentina y cómo determinados aspectos de orden nacional iban impactando en las costumbres y consumos de los juegos y juguetes: “El límite señalado por la década del 40, que marca la decadencia de muchas de estas formas de juego infantil, coincide con la afirmación de un doble proceso que tiene evidente impacto en los niños. Por un lado, el desarrollo y crecimiento de la Industria del juguete y, por otro, la expansión de los medios de comunicación masivos, que comienzan a captar y a orientar en otras direcciones a amplias capas de la infancia urbana.

Elsa García comentó a LM Neuquén sus vivencias infantiles por aquellos tiempos, en los que las únicas y primeras influencias de los medios se vivían a través de una recién inaugurada LU5 y en los que la televisión era un sueño impensado.

“En mi barrio, que era “Mariano Moreno”, éramos un grupo grande chicos, unos catorce más o menos que estábamos siempre juntos y teníamos juegos variadísimos, no como ahora que los chicos agarran las “Play Station”, aquello era salir a jugar afuera casi todo el tiempo.

Uno de los juegos que hacíamos en invierno, porque teníamos juegos para el invierno y para el verano, era saltar la soga. Era una soga larguísima con las que nos divertíamos todo el día. Hacíamos carreras de bicicleta inolvidables. En caso de que lloviese o hiciese mucho frío y nos tocara jugar adentro, jugábamos a la payana, a la rayuela, a veces a las damas o al domino, todo en grupo.

juegos y pasatiempos Neuquén

En períodos de clase, durante el invierno también íbamos al cine, a la matiné, que por entonces se daban dos películas, una continuada que nos hacía volver al sábado siguiente y una completa. Eso sí, íbamos al cine siempre y cuando ese sábado al mediodía tuviéramos toda la tarea terminada, a los cines Belgrano y al Español.

En los veranos, lo que más nos divertía y nos gustaba era bañarnos en los canales de riego. Había un canal muy grande sobre la calle Félix San Martín, que ahora está entubado y ahí teníamos una especie de balneario porque nos habían hecho un pozón para que fuera un poco más profundo. Todas las santas siestas nos íbamos a bañar ahí, hasta que llegaba el “Tomero” encargado de los canales y nos sacaba volando. Muchas veces, para castigarnos, llegaba antes y nos robaba la ropa.

Era una zona de chacras y quintas con frutales y los dueños nos invitaban a que recogiéramos la fruta caída, con la condición de que no las arrancáramos de los árboles, esa era otra de las diversiones que teníamos. Después jugabas a todo: a la escondida, a la mancha, al “huevito duro” que te tiraban el pañuelito, las rondas, la dama y el caballero, miles de juegos. Tuvimos una infancia muy feliz”.

Carlos Agúndez, popular locutor de radio y televisión, rememora la atmósfera criolla de sus días mozos en una Valentina rural de chacras y corrales: “Yo me fui criando en un ambiente bastante rural como fue “Colonia Valentina” y uno de mis primeros juegos fue el que hacía con un “lacito”, que me había hecho un viejito que me quería mucho y con el cual yo aprendí a enlazar. Lamenté mucho cuando los perros me comieron ese lazo preferido. Con los chicos de la escuela jugábamos a la bolita y a la “arrimadita” con las chapitas. Las chicas jugaban mucho a la rayuela y te digo que junto con mi hermana éramos campeones de la payana. La que se jugaba con las piedritas tirándolas hacia arriba y conservando las que iban cayendo en una sola de las manos.

Mis primeros juegos de más grandecito fueron aprendiendo a cabalgar con la idea de imitar a mis ídolos los cowboys a los que, además de las películas, los leía en la historieta del Billiken “Aprendiz de Cowboy” de las que era fanático”.

Podríamos enumerar mil juegos de los niños neuquinos del ayer y arrimar miles de anécdotas que por espacio no pudimos incluir, pero preferimos deshilvanar el final de esta nota con el eco de una antigua ronda para que quede resonando en la memoria de un aniversario más de nuestra ciudad.

“Estaba la paloma blanca

sentada en un verde limón,

con el pico cortaba la rama,

con la rama cortaba la flor.

Ay, ay, ay,

¿cuándo veré a mi amor?

Ay, ay, ay,

¿cuándo veré a mi amor?”

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