Marcha
Pese a que unos 15.000 ultranacionalistas marcharon el martes por Belgrado para oponerse a su previsible extradición, el presidente serbio, Boris Tadic, cumplió con su compromiso de entregar a los criminales de guerra a la justicia internacional -como le exige la Unión Europea para admitir el proceso de integración de Serbia a la UE- y durante la madrugada extraditó al presunto genocida.
El ex hombre fuerte de los serbios de Bosnia aterrizó en un avión oficial serbio y un helicóptero, custodiado desde tierra, lo depositó en el centro carcelario de máxima seguridad del TPIY en Scheveningen, en las afueras de La Haya, junto a ex aliados y enemigos.
Así, y según expertos legales, Karadzic se convirtió en el prisionero más importante entre los inculpados de crímenes durante las guerras de desintegración de la ex Yugoslavia desde el ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic, muerto en 2006 mientras esperaba su veredicto en la misma cárcel donde hoy está Karadzic.
«La acusación se basa en los tres delitos más graves del derecho internacional: genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad», argumentó Brammertz.
El fiscal se refería a los cargos que pesan sobre Karadzic, a quien se responsabiliza, junto a otros líderes serbobosnios, de llevar adelante una campaña de limpieza étnica para echar a croatas y musulmanes de un territorio que él consideraba parte de una «Gran Serbia».
Más de 100.000 personas murieron y unas 2.2 millones debieron abandonar sus hogares a causa del subsecuente conflicto que, conocido como guerra de Bosnia, se extendió de 1992 a 1995 y culminó con la derrota de los serbobosnios y la división del país en dos entidades autónomas, una musulmano-croata y otra serbia.