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La Mañana Argentina

La Argentina te queda chica

El "hasta siempre" a uno de los faros del arte de la actuación de la cultura argentina: Carlitos Balá.

Sin par. La partida física de Carlitos Balá barre con la opacidad de una necrológica porque su paso por el mundo artístico no fue en vano.

Hacer reír de la forma que lo hizo, rompió con cualquier canon y será difícil superar su originalidad, la simpleza y un lenguaje que ni siquiera la voracidad de la televisión basura de la mercadotécnica de los años que le siguieron pudo hacer olvidar. Más bien lo contrario, su singularidad estética viene a darle ese carácter de inmortalidad que Carlitos le imprimió a sus actuaciones.

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Durante buena parte de la jornada, no bien se conoció la noticia de su fallecimiento, el nombre del hincha más famoso de Chacarita se mantuvo durante varias horas como tendencia. No fue una novedad más.

Twitter fue escenario de debates de todo tipo. Desde la genialidad de sus personajes, hasta su participación en la cinematografía argentina durante los años de la dictadura. En las redes sociales, incluso, se pretendió hacer brillar su bronce en alguno de los bordes de la grieta. Innecesario.

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Carlitos Balá es un faro, no solo por lo que consiguió en la industria audiovisual, sino porque su carrera empezó de abajo y rodando: arriba de un colectivo en la Línea 39 donde deleitaba a los pasajeros con sus ocurrencias. Y selló su trayectoria con los homenajes más distinguidos, e incluso con el reconocimiento del papa Francisco, quien lo distinguió como embajador de la paz.

Varias generaciones de niños lo adoptaron como un referente, pero era un cómico ecuménico, un innovador, dueño de una mirada poética en el que no hacían falta los efectos especiales ni el exhibicionismo superficial para mostrar lo esencial.

Como a su personaje Petronilo, a Carlitos Balá, la Argentina le quedó chica.

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