La barilochense Paz Levinson está cuarta en el ranking mundial

El martes 19 de abril terminó el 15º concurso Best Sommelier of the World. Ganó un sueco. La argentina, entre los favoritos.

Por Joaquín Hidalgo

Organizado por la Asociación Argentina de Sommeliers y la Asociación Internacional de Sommeliers, el concurso Best Sommelier of the World terminó el martes pasado en la capital mendocina. Participaron 61 sommeliers de 58 países en una dura competencia que arrojó como ganador a Jon Arvid Rosengren, competidor por Suecia y responsable de la carta de vinos del famoso restaurante Charly Bird, de Nueva York.

La barilochense Paz Levinson ocupó el cuarto lugar en el ranking mundial, detrás de David Biraud (Francia), quien quedó segundo, y Julie Dupuoy (Irlanda).

El concurso fue una difícil contienda entre los mejores sommeliers de cada país. Para llegar a la final, los participantes tuvieron que sortear varias pruebas. Desde un examen escrito tan complejo como rebuscado, en el que, por ejemplo, debían dar cuenta de las subzonas de Navarra o de Hungría, o bien, identificar de qué plaga de vid se trataba al ver una foto de un insecto.
Ese primer examen, que tuvo lugar la mañana del 16 de abril, fue el gran filtro. Eliminados 46 participantes, a la semifinal sólo llegaron los más cualificados. Entre ellos estaba Paz Levinson, candidata local.

El camino de Paz

Levinson nació en Bariloche en 1978 y, mientras estudiaba Letras en la UBA, empezó a trabajar de camarera en Restó, un pequeño restaurante del centro porteño. Ahí, de la mano de María Barrutia, la propietaria, descubrió el vino. Se recibió de sommelier en 2004 en el Centro de Argentina de Vinos y Espirituosas, Buenos Aires. Dotada de una memoria formidable y una sensibilidad destacada para la cata de vinos, no tardó en distinguirse entre sus pares.

En 2010 ganó el concurso mejor sommelier de la Argentina. En 2012 compitió en el Panamericano, en Brasil, alcanzando el puesto número cuatro, lo que en las reglas de esta competencia le garantizaba su pasaporte al mundial en Tokio.

Para Tokio se preparó como una campeona, con un pasantía en el hotel de Gérard Basset (mejor sommelier del mundo en 2010) en Inglaterra. Y luego, trabajando en el restaurante que Mauro Colagreco, único argentino con dos Estrellas Michelín, había abierto en Hong Kong. Sin embargo, no sería suficiente para ganar el concurso. Y en 2013 llegó a la semifinal y se consagró como la onceava en el ranking global.

Pero como en todo, la vida da revanchas. En 2013 se mudó a París, donde empezó a trabajar en restauración con dos objetivos: estar cerca de las principales zonas vitícolas y, en plan de mejorar sus conocimientos, viajar por el mundo.

El tour Levinson incluye, desde 2014, un mes en Sudáfrica, otro en Suecia, uno más en Bélgica y otro en Canadá. A cada uno de estos países fue a estudiar con los mejores en cada caso. Y así, en Montreal fue coacheada por Véronique Rivest, su gran mentora para la competencia. Ahora sí, mientras trabajaba en Virtus, un nuevo y coqueto restaurante de París, estaba preparada para el mundial que, como ya sabía, tendría lugar en Mendoza en abril de este año.

Catar: La competencia no se trata sólo de eso, sino también de historia, maridajes, origen y cosechas.

El mundial


Como semifinalista, el pasado domingo 17, Levinson participó de las pruebas junto a otros quince candidatos. Como todos, tuvo que catar dos vinos y describirlos, además de identificarlos con origen y cosecha. Una prueba muy difícil.

Luego, organizar maridajes para dos vinos, una blanco y otro tinto, en seis minutos, así como también catar un vino y proponer durante tres minutos seguidos maridajes posibles. Otra de las pruebas de la semifinal constaba en servir un vino fortificado a unos clientes que sólo querían beberlo por copa en un restaurante que no lo ofrece. La última, organizar una ruta de vinos para que un turista pudiera, en siete etiquetas, recorrer Argentina.

Cuando el martes 19, a las 16, se conocieron los tres finalistas, Levinson no estuvo entre ellos. Fue un duro golpe para ella. Desde una butaca vio cómo el sueco, el francés y la irlandesa se debatían a su turno el puesto de mejor que ella aún ambiciona. Tomó notas de los trucos y las cosas que sucedían en el escenario y ya se prepara para su revancha. La historia recién comienza.

El secreto de Jon Arvid Rosengren

Durante la competencia, el actual mejor sommelier del mundo, Jon Arvid Rosengren, demostró que se puede ser hombre y máquina, al mismo tiempo que sommelier. Bastaba verlo aportar con velocidad de metralleta los descriptores de un vino, o bien resolver el menú sin repetir ningún plato a lo largo de unos duros seis minutos, para tener claro que su memoria y sus estudios del vino llegan lejos. Tan lejos como para consagrase el mejor del mundo este año.



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