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Caminar entre stands repletos de libros, cruzarse con escritores y escritoras que hemos leído, revolver una pila de ejemplares en oferta buscando algún “tesoro”, sentarse en el pasto fuera del predio con la ansiedad de empezar el libro recién comprado y disfrutar a sala llena la charla de un escritor son las postales de estos tres días vividos a pleno en la octava edición de la Feria Internacional del Libro.
Una feria que iba a terminar hoy con la presencia del historiador Felipe Pigna, quien a las 20:30 hablará sobre su magistral biografía sobre Gardel, pero que, por pedido de los expositores a raíz de la gran convocatoria de público que generó buenas ventas, se extenderá un día más. Por lo tanto, tendremos un lunes de feriado para seguir disfrutando la fiesta de los libros.
Los libros, a los cuales muchos desde hace tiempo le extendieron un certificado de defunción, convocaron a más de 60 mil personas en los dos primeros días.
El enojo que provocó en el ámbito de los libreros y editores la invitación extendida sobre el inicio mismo de la feria deberá ser tomado en cuenta por los organizadores para mejorar este aspecto esencial, la presencia de los expositores, para la próxima edición.
Consideremos que el arte de la lectura consiste en entregarse a una especie de hipnosis que genera el escritor en el lector. Es un arte simple pero misterioso. Y, por suerte, está al alcance de todos.
Feria es fiesta, en latín. Por eso, en estos dos días, celebremos el descubrimiento de nuevos mundos a través de los libros y la lectura. Es el momento de recuperar ese placer, sin olvidarnos de todas las medidas de seguridad porque seguimos en pandemia.