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La condena social funciona

Catalina Arca

Si usted vio la golpiza que le propinó el jugador Diego Trotta a su ex novia –agresión inmortalizada en un video– seguro habrá sentido la misma impotencia e indignación que me produjo a mí. Y la bronca aumenta al saber que sólo fue condenado a seis meses de prisión en suspenso, que básicamente es lo mismo que decir que es culpable, pero puede caminar –y jugar– libremente.
El fallo sobre el episodio que tuvo lugar en 2014 en Bahía Blanca se conoció a días de la marcha nacional #NiUnaMenos, e incluso la presidenta Cristina Fernández habló sobre el tema en su cuenta personal de Twitter. “De algunos jueces, mejor ni hablar: apenas seis meses de condena para un hombre que molió a golpes en la calle a una mujer”, dijo.
Así, la polémica sobre los fallos judiciales vuelve a estar en la mira de la sociedad. Aunque aquí la decisión política del club Independiente de Neuquén de incorporar –y mantener– a un jugador condenado por golpeador también da que hablar. ¿Cuál es la imagen que da la institución deportiva? ¿Qué pasa si vuelve a ocurrir otro hecho de violencia? Porque nada te garantiza que no vuelva a ocurrir, aunque ya la condena social actúa cuando abuchean a Trotta en las tribunas luego de convertir un gol para el Rojo neuquino. Porque si algo funciona es la condena social, al punto de lograr la renuncia de los jueces Piombo y Sal Llargués tras el fallo que bajó la pena al violador de un niño. Otro ejemplo fue la decisión de la UNCo de exonerar a dos docentes, uno condenado por abuso sexual y el otro, por prácticas sexistas dentro de las aulas. La casa de estudios consideró que las acciones de los docentes no eran compatibles con los valores de la institución. Entonces, ¿qué espera Independiente de Neuquén para actuar en consecuencia?