Aún estamos lejos de la crisis y la recesión del 2001, sin embargo los violentos y descontrolados aumentos de las tarifas de luz y gas, como los precios de la canasta básica, a lo que se suman los despidos y salarios sepultados por la inflación, provocan un escenario que puede conducirnos a ese camino sin salida como el registrado en lo que fue el peor derrumbe social de la historia argentina. Lejos estamos de ese 2001, pero asusta la velocidad con que todo se desmorona.
En aquel tiempo de cinco presidentes en diez días -incluso uno de ellos le pedía a Dios que tomase cartas en la política de la patria-, corralito y una fuerte agitación social, en diversos rincones del país el trueque fue la tabla de salvación a la que se subieron gran parte de los argentinos.
Acaso los hijos de aquellos que hace quince años recurrieron a un sinfín de recursos, herramientas y formas para paliar la crisis ahora se organicen tomando el ejemplo de sus padres y vuelvan al esquema más primitivo de la economía.