Neuquén > El libro “Historia de la crueldad argentina, Julio A. Roca y el genocidio de los pueblos originarios” se empeña en dar un paso fundamental para entender el exterminio de los pueblos originarios: pasar de la anécdota al relato histórico. Su principal virtud radica, justamente, en encuadrar la masacre que sufrieron los indígenas dentro de la categoría de genocidio y demostrar que existió un accionar sistemático del Estado argentino para exterminar a los habitantes ancestrales de estas tierras. El trabajo, coordinado por Osvaldo Bayer, fue realizado por la Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena, a la que pertenecen Delrio, Papazian y otros historiadores y antropólogos.
Uno de los hallazgos más notables consignados en este libro es el de documentos periodísticos de la época que ya denuncian la existencia de matanzas. Dos artículos publicados en La Nación el 16 y 17 de noviembre de 1978 demuestran la indignación del periodista ante el fusilamiento de 60 ranqueles por orden del hermano de Julio Argentino Roca, Rudecindo. “Cosa rara que cayeran heridos yendo en disparada y en dispersión”, afirma una de las notas, que no duda en calificar estos hechos como “crímenes de lesa humanidad”, un término de avanzada para la época.
Esto sirve a los autores para desmontar la construcción discursiva que justifica el genocidio de los pueblos originarios en razones históricas, como si por algún extraño designio de la época una matanza pudiera haber quedado disimulada en la “necesaria” expansión de la frontera.