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La diseñadora de bikinis neuquina que apuesta a posicionar el verano cordillerano

Las prendas que diseña Cecilia Gasparri tienen alta demanda en los destinos de montaña y demuestran que Neuquén tiene mucho para ofrecer más allá de la nieve.

Convencida de la necesidad de seguir carreras tradicionales, Cecilia Gasparri eligió su orientación universitaria basada en las materias que le resultaban más fáciles. Su habilidad para los números la llevó a convertirse en profesora de Matemática y Física y, con esa profesión, parecía enterrar un alma creativa que combinaba colores, texturas y formas con un talento innato. Pero ese germen soñador no se había ido: seguía latente y esperando para brotar con un proyecto pionero en la Patagonia.

"Un día, cansada de todo eso, me puse a estudiar Diseño de Indumentaria en Neuquén", relató en diálogo con LMNeuquén. En las clases, conectó con rapidez con una de sus compañeras, y juntas le dieron rienda a sus sueños: querían desafiar todos los obstáculos para crear algo que nunca se había hecho. Así nació Manja, la primera marca de trajes de baño diseñada y producida en la Patagonia.

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Quizás Cecilia ya lo sabía desde siempre. Incluso en esas tardes de tiza y pizarrón, ya había anotado el nombre Manja en una de sus agendas, como guardándolo para el momento adecuado. Y ese día llegó en el invierno de 2016, cuando viajó junto su nueva socia a Buenos Aires para aprenderlo todo sobre el negocio de las bikinis y enterizas.

Manja no es una palabra muy frecuente, pero esconde un significado especial. "Una noche buscando en Google imágenes para hacer un moodboard, me apareció la palabra Manja que en malayo tiene el significado del comportamiento aniñado que tenemos algunas mujeres cuando nos enamoramos y me pareció excelente, es lo que me pasa cuando veo una prenda que me gusta", explicó sobre el vocablo que guardó durante dos años para bautizar su emprendimiento.

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Ya en 2016, en esa recorrida por la cuidad, las socias pudieron sentir la textura de la lycra, elegir colores y pensar modelos. "Ella es diseñadora y se estaba especializando, así que hacía la parte de moldería", relató la emprendedora, que aportaba su rasgo creativo para dibujar y crear un concepto detrás de una colección completa.

Entre las dos, se repartían la cadena casi completa de la producción de mallas. Elegían las telas, dibujaban, confeccionaban los moldes, mientras que el corte y la confección quedaron a cargo de un taller. "Después pasaron los años, yo fui mamá y me quedé sola con la marca", contó Cecilia y agregó que continuó apostando a cada verano con looks renovados, pero con un volumen de producción que se adecuaba a su nuevo rol como mamá.

La elección de los talleres de confección significó más de un dolor de cabeza para la diseñadora. Primero, enviaba sus dibujos a Buenos Aires. También probó con costureras de General Roca y de Córdoba. Sin embargo, su último verano vivió una mala experiencia cuando apostó por un taller de Rosario. "Llegaba la fecha de la entrega y no tenían nada, me estafaron y me quedé sin producción", dijo y agregó que sus clientas más fieles la ayudaron a salir adelante publicitando sus prendas de colecciones anteriores.

A pesar del mal trago, no quiso bajar los brazos. Incluso en un contexto atravesado por la pandemia de coronavirus y las restricciones sanitarias, Cecilia sostuvo sus ansias creativas y creó colecciones de bikinis que llegaron a la cordillera para venderse como pan caliente. "Yo vendo en Neuquén capital a través del e-commerce en Neuquén capital, también mando a otras provincias, y hay un local en San Martín de los Andes que tiene la colección completa y que vendió mucho las últimas temporadas", contó.

Las limitaciones para viajar al exterior torcieron todas las miradas hacia la cordillera neuquina. Así, los destinos de montaña tuvieron temporadas récord y borraron un mito del imaginario colectivo. "Muchos asocian el verano con la costa atlántica, pero lo cierto es que la Patagonia tiene mucho verano", dijo Cecilia y agregó que, en la pospandemia, son muchas las turistas que estrenan bikinis en los lagos del sur, en lugar de reservarse sólo para las olas.

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Con esos antecedentes, Cecilia ya piensa en los próximos desafíos. Aunque prefiere evitar los spoilers, comparte una idea que la tiene entusiasmada. "En el diseño siempre hay que adelantarse, y ya estoy pensando en el año que viene mientras producimos para este verano; pero ya sé que voy a producir una colección con estampas de flores patagónicas", afirmó.

Así, la diseñadora buscó aportar una impronta regional a una marca que se nutre también de las tendencias a nivel nacional, con colores y diseños que interpretan el rumbo oscilante de la moda pero que siempre busca rescatar la autenticidad de la mujer. "En los últimos años se nota un cambio muy grande en cuanto a la aceptación, las marcas de bikinis antes hacían producciones sólo con modelos muy flaquitas, y eso hoy está cambiando", señaló.

En ese sentido, Cecilia aconseja a sus clientas que siempre elijan las prendas que les gustan y las hacen sentir más cómodas. "A veces me piden una bikini tiro alto para esconder la panza, y yo les digo que no tienen que esconder nada, que tienen que elegir los diseños que les gustan o que elijan por la contención que brinda cada una", dijo y agregó: "Hay chicas que tienen mucho busto e igual eligen los modelos de triangulito, es una cuestión de gustos".

"Nos tenemos que aceptar tal cual somos, aunque me cuesta a mí misma, pero los cuerpos van cambiando y no por eso tenemos que escondernos; tenemos que acostumbrar el ojo y a los demás a que nos vean así", dijo la mujer, reflexionando también sobre cómo cambió su percepción del cuerpo después de la maternidad.

Por ahora, Manja tiene un volumen de producción de 1500 bikins y enterizas por temporada. "Es un esfuerzo muy grande hacer todo sola, y a veces me preguntan por qué no hago más ropa para todo el año, pero me gusta dedicarme a la maternidad y dedicarme a full al verano", señaló.

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Su experiencia sirvió también para marcar un camino a otras marcas, que se animaron a crear bikinis desde la región. "La mía sigue siendo la única marca exclusiva de trajes de baño, pero hay otros emprendimientos de diseño que empezaron a incluir mallas en sus colecciones de ropa", explicó.

A futuro, le gustaría que su marca "explote" en la cordillera. Así, logró hacer una alianza con un taller de costura neuquino, para que el emprendimiento tenga un sello 100% patagónico. El objetivo, entonces, es crear bikinis pensadas y confeccionadas para la montaña, para dejar de pensar en la opción de veranear como una alternativa exclusiva de las aguas saladas.

Ya sea a través de los envíos por correo o con presencia en los negocios cordilleranos, Cecilia busca que los turistas que llegan a los destinos neuquinos identifiquen a Manja como una marca patagónica. Sin embargo, no hay límites para su creatividad: como sus mallas interpretan las tendencias globales, es muy fácil usar estas prendas también en viajes a las playas de la costa argentina o incluso fuera del país.

Para la diseñadora, emprender desde la región se vuelve un desafío cuesta arriba a partir del desarrollo del e-commerce, que permite que las marcas de Buenos Aires, con precios más competitivos en confección y logística, se ganen el mercado de la zona. Sin embargo, destacó el crecimiento del ecosistema de emprendedurismo neuquino, con cada vez más personas dispuestas a darle un giro profesional a sus creaciones.

"Yo fui poco de pedir ayuda, fui muy de remarla sola o con apoyo de mi familia, pero están muy en auge los emprendedores", dijo y reflexionó: "Cuesta bastante hacerlo desde acá y competir con Buenos Aires, pero no es imposible, se puede".

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