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La distorsión de precios, el otro drama para el bolsillo de la gente

El alquiler de un departamento cuesta lo mismo que dos pares de zapatillas en Neuquén. ¿Qué es caro? Para el salario promedio, las dos cosas.

El mes pasado, de visita por Neuquén, el economista Emmanuel Álvarez Agis dejó varias definiciones y abordó distintos temas de la macroeconomía y su impacto en la industria del petróleo y de las empresas, pero también en la vida cotidiana de la gente. Dijo, entre otras cosas, que en Argentina no sólo es difícil invertir, sino que ya es muy complicado vivir.

Se refirió a la inflación y a otro tema que en la actualidad afecta de igual manera el bolsillo y que desorienta al consumidor respecto a saber si el valor que se paga por un determinado producto o servicio es caro o barato: la distorsión de precios.

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En Neuquén capital, por ejemplo, y siempre tomando valores promedio, un alquiler de un departamento con una habitación en la zona centro cuesta unos 80 mil mil pesos, sin contemplar el pago de expensas, cochera o algún tipo de servicio adicional que pueda ofrecer el edifico y que encarecerá el valor final.

Al mismo tiempo, en el rubro indumentaria, una buena zapatilla de marca deportiva puede conseguirse en alguna promoción o vía compra web en 25 o 30 mil pesos, pero lo más factible es que en una casa de deportes el valor se ubique entre los 40 y los 50 mil pesos. Es decir, un par de Zapatillas puede llegar a costar más de la mitad del alquiler de un inmueble. Si esto se toma en términos relativos, lo primero sería muy caro y lo segundo muy barato. Pero la realidad es que para el salario medio de un trabajador en Neuquén es tan cara una cosa como la otra.

La gente mira, compara y calcula muy bien antes de adquirir un par de zapatillas en Neuquén.
La gente mira, compara y calcula muy bien antes de adquirir un par de zapatillas en Neuquén.

La gente mira, compara y calcula muy bien antes de adquirir un par de zapatillas en Neuquén.

La misma distorsión podría darse si el comparativo de ese alquiler promedio se hace sobre otro tipo de indumentaria, como una camisa también de marca (entre 15 mil y 25 mil pesos) o un pantalón (entre $20 mil y $30 mil).

En cuanto a alimentos, cada vez impacta más en la economía familiar llenar un changuito de supermercado con productos de la canasta básica. Pero ahí también existe una distorsión si se compara, por ejemplo, lo que vale el kilo de asado en Neuquén (que de por sí es de los más caros del país) o un menú de una cadena de comidas rápidas con un servicio como la electricidad.

El kilo de asado se paga entre los 2000 y 2500 pesos, y una hamburguesa en combo en un local de comidas rápidas entre 1800 y 2200 pesos.

¿Es caro? sí, si se tiene en cuenta que una familia tipo de cuatro personas gastaría para sentarse a comer en algunos de estos locales gastronómicos 8.000 pesos o más.

El asado, un lujo: aseguran que a fin de mes costará más de $1.000

¿Pero caro con relación a qué? Esa misma familia en su hogar abona de tarifa de luz si consume hasta 250 KW entre 5.000 y 6.000 pesos, y puede llegar a pagar una boleta de 10.000 si supera ese consumo. Es decir, una sola comida, y de poca calidad nutricional, le insume como gasto más o menos lo mismo que un servicio esencial como el de la electricidad para su hogar durante un mes.

Esa relación dispar fue abordada por otra reconocida economista, Marina Dal Poggetto, que también estuvo en Neuquén hace poco tiempo. “Tenemos bienes excesivamente caros y servicios excesivamente baratos”, dijo. Es cierto, lo cual no quita que tanto una cosa como la otra hoy resulte un problema para el magro poder adquisitivo de muchos.

Ante este estado de situación, el gobierno nacional lanzó la semana pasada un nuevo programa que busca congelar precios por cuatro meses en productos de consumo masivo como alimentos, bebidas, higiene y limpieza.

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Participan del acuerdo alrededor de 100 empresas que representan el 86% del mercado, como Molinos, Coca Cola, Unilever, Quilmes, Mastellone, AGD, Ledesma y Las Marías, entre otras. También, por primera vez, lo harán los mayoristas y las marcas propias de los supermercados.

El objetivo es aplacar la escalada inflacionaria y, en paralelo, esta distorsión de precios en donde la gente ya no puede determinar si el valor de un determinado producto es lógico o no.

Las dudas sobre este nuevo programa, denominado Precios Justos, recae en que los anteriores intentos de regular precios mediante planes similares no funcionaron.

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