Si un cataclismo político arrasara por completo con el menemismo o el kirchnerismo, y un tsunami de decencia, abnegación y austeridad se desparramara sobre el territorio nacional, así, aún así, Pechi Quiroga debería vérselas con el inexpugnable partido que gobierna esta provincia desde 1963. Tan populista, según Quiroga, como las vertientes del gran hermano del movimiento nacional. El intendente de la ciudad piensa apostar fuerte en su cruzada anti-MPN: será candidato a gobernador solo o acompañado, por un frente o con un socio menor. Quiere ser gobernador, lo dijo ayer; se lanzará en tres semanas para ver si, ya investido formalmente, las agujas del medidor le empiezan a marcar algo más de los casi 20 puntos de intención de voto que, dicen en su búnker, ya atesora. Pero como buen equilibrista profesional, Pechi no caminará por la piola sin una buena red que eventualmente frene una caída. A pesar de que ya le levantó la mano a quien él ve como sucesor natural, el macrista Marcelo Bermúdez, Pechi se reserva la carta de la reelección para ocupar su propio sillón. El intendente es un compadrito con carisma, se sabe. En la ciudad, lo aman o lo putean, pero no es indiferente. Hace obras como Macri y se cuelga del discurso “renovador” de Massa. La “dinámica de la política” dirá en 300 días con quién se entenderá mejor. Pero Pechi confrontará (en el primer semestre de 2015) con quien resulte elegido del MPN (donde figuras de peso no faltan: Coco, Pechen, Gutiérrez, Bertoya, Crexell); y si del bolillero no sale su número, pues entonces caminará hasta el río Limay para inaugurar alguna cosa en el segundo semestre y hasta el 10 de noviembre, que es la fecha límite para que la ciudadanía elija un nuevo intendente. Que -como ustedes comprenderán- bien podría ser él.