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Siempre se habla de la escuela pública, de la importancia que tiene y de las cuestiones que debería mejorar después de varias décadas de deterioro. El tema lo tratamos el sábado, durante una reunión con compañeros de la secundaria por los 40 años de egresados que cumplimos del histórico colegio San Martín, de la ciudad de Neuquén.
En el grupo surgió la idea de realizar una donación de elementos de computación, coordinado con su directora, una mujer muy amable que nos cedió el establecimiento para que realizáramos un acto donde descubrimos una placa recordatoria con los nombres de la treintena de alumnos que terminamos nuestros estudios en 1981. Luego entregamos nuestros “regalos” que, a decir de la propia directora les venían muy bien para las cuestiones más elementales de funcionamiento.
La escuela estaba igual, un poco descascarada por el tiempo y con algunas novedades que nos sorprendieron, como la presencia de personal de seguridad para evitar incidentes o hechos de vandalismo y las rejas en la mayoría de los ventanales. Durante la recorrida, recordamos con nostalgia nuestro paso por aquellas aulas en donde nos educaron. Y nos sorprendió gratamente saber que de aquella camada de estudiantes una inmensa mayoría se habían convertido en profesionales o emprendedores exitosos que lograron su objetivo.
Muchas veces cuando se habla de educación, no se tiene en cuenta la igualdad de oportunidades que, pese a todo, sigue ofreciendo la escuela pública. Para quienes pasamos por allí no nos queda más que el agradecimiento y el deseo porque esa posibilidad gratuita de aprender se siga manteniendo en el tiempo.