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La historia de la fruta del Valle, en afiches

Manuel Enriquez, ex socio fundador de Moño Azul, coleccionó 1.800 ejemplares.
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El nombre de «Moño Azul» surgió por casualidad o por designio del destino cuando su padre y su hermano mayor estaban reunidos en un bar de Buenos Aires. Justo salieron las alumnas de un colegio frente al bar y, por ese entonces, se solía usar moños azules sobre los guardapolvos. «Mi hermano quiso que le pongamos moño azul y ahí mismo dibujó el logo, luego lo propuso en el directorio, lo imprimimos, nos gustó y de ahí en más fue la primera marca hasta el día de hoy», agrega.
Pero no es el único hobbie que despuntó desde su niñez. En una biblioteca se observa el primer ejemplar de la revista del club de sus amores. «Septiembre 15 de 1944», sentencia el margen derecho de la primera revista de River Plate con la imagen de Ángel Cabruna y Félix Lousteau, impecables en su portada.
Acto seguido, muestra un amarillento ejemplar del diario La Nación, fechado el 3 de junio de 1929, día de su nacimiento. No era el único coleccionista de la familia. A los 27, Manuel fue uno de los fundadores del Club El Biguá y el impulsor de que se comprara el predio donde actualmente se encuentra. Años después, ya con un decálogo de experiencia bajo su espalda, fue pionero en la plantación de cerezas en lo que se conoce como el altiplano, en inmediaciones de Mari Menuco. Y toda una vida ligada a la producción de la fruticultura, desde los 18 cuando se hizo cargo de un galpón de empaque,hasta llegar a la presidencia de la compañía en su sede de Vista Alegre.
«La vida es también aventura. Para ganar tenés que arriesgar sino arriesgás no ganás. A mí no me gustan que me traigan las cosas servidas, me gusta ser protagonista de las cosas en la vida», asevera en tono convencido Manolo, en tiempos donde no es común escucharlo.

Los comienzos

Neuquén > Antes que se formara Moño Azul, en 1961, su padre José Enriquez comercializaba verduras al ejército y a los hospitales regionales desde Allen hasta la localidad chubutense de Esquel.
«Yo prácticamente nací en un cajón cosechero», repite Manolo como quien no olvida sus orígenes relacionados a la tierra. Cuando Manuel nació, Neuquén apenas contaba con 3.500 habitantes.
Cuando surgió la empresa, entró en la sociedad Enriquez e Hijos, Antonio Pirri, Guido Grisanti y dos socios más provenientes de Buenos Aires. La firma empezó con 30 empleados hasta llegar a los 2.500.
«Pero es muy raro que una empresa familiar dure más de tres generaciones y ésta ya las tenía. En la primera no hay problemas todos nos conocemos, en la segunda empiezan a llegar los hijos a la empresa pero aún estamos los fundadores, ya en la tercera no estamos nosotros y todos quieren ser presidentes», precisó Enriquez.
Fue una razón más para que a principios de año hayan vendido Moño Azul a compradores italianos a quienes conocían desde hace añares porque supieron ser representantes de su producción en la península itálica.