Transparencia es una palabra maldita porque incomoda. Molesta en las oscuras estructuras del poder con su ícono de la casa vidriada o una persona desnuda.
Así es como deberían funcionar todos los organismos del Estado, pero eso no ocurre por estas latitudes donde pretender acceder a datos oficiales nos transforma en personas sospechosas con intereses cuasi golpistas.
En Inglaterra, la Policía tiene un mapa del delito en el que estuve navegando y me enteré de que en Londres, donde está el puente que atraviesa el río Támesis, abundan los robos, contra las personas y en general, y los ataques sexuales. A la Policía esta información no le molesta que se difunda, primero porque es pública y segundo porque sirve para que los ciudadanos estén alertas más allá de las medidas de prevención que se implementan. Esa información sirve hasta para elegir dónde comprar o alquilar una vivienda y a qué escuela enviar a los chicos.
Estaría bueno que la brisa de transparencia que se gestó en Zapala llegue a todo el Estado provincial.
Acá, en Neuquén, te manejás a ojo para todo y los datos son negados casi a diario.
Por eso, el acto realizado por la Oficina Judicial en Zapala pasa a ser una brisa de aire fresco que nos hace más respirable esta realidad que no huele tan bien.
En un acto abierto al público, María Luis Squetino, titular de la Ofiju, mostró con lujo de detalle todo el trabajo realizado durante el 2018. Así fue que se pudo conocer que hubo 934 audiencias programadas y se concretó el 82 por ciento. Además, se supo que los jueces trabajaron entre 212 y 275 horas en el año y también se puede saber en qué audiencias estuvieron y dónde. Esta es la idea de transparencia que al menos yo pretendo. Las valoraciones vienen luego.