{# #} {# #}
El escenario de la industria madre está agitado. Las petroleras tienen en marcha procesos de reorganización de la producción que conllevan una ruptura de los términos contractuales en parte con negociaciones paritarias, pero también con situaciones que de hecho implican cambios en los esquemas laborales.
En la cadena de servicios quedó un tendal. Hay rupturas y recortes de contratos. Suspensión de decenas de miles de trabajadores, con recortes de hasta seis de cada 10 pesos de sus salarios.
“Vamos a parar en todos los yacimientos que encontremos empleados directos de YPF en puestos que son para los compañeros de convenio”, fue la amenaza pública lanzada por el secretarios general de los Petroleros Guillermo Pereyra.
Por ahora, en los campos hay tensión con asambleas y activismo sindical exacerbado, pero sin afectación de la producción, que ya está revolcada por las condiciones de mercado que demarcó la pandemia.
Pereyra tiene fuerte presión de sus bases, que ni cediendo sumas insólitas de sus salarios logran retenerlos. El gremio ofrece la jubilación anticipada para licuar por ese desfiladero una parte del exceso de mano de obra para tiempos de recortes de producción. El gremialista con más poder en el ámbito local salió directamente contra petrolera estatal, que está conmovida por la anexión de Vicentín a su brazo para el campo, YPF Agro.
La renta de la soja ayudaría a desarrollar más rápidamente Vaca Muerta, pero no es el caso. El roce de mercado de Vicentín con las petroleras se da en la producción de combustibles. La cerealera produce el corte que se exige a los combustibles en el país.