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La inspiración de Roger

Ocho años después, en el mismo lugar, ante el mismo rival, Roger Federer vuelve a llorar y a conmover al mundo del deporte. Aquella vez fue de impotencia, cansado de ganarles a todos y de sucumbir frente a Rafael Nadal. Esta vez es bien diferente: llora porque la felicidad no le cabe en el rostro.

El suizo acaba de ganar su 18º Grand Slam, ese que persiguió en los últimos cinco años luchando contra el calendario y contra las nuevas generaciones. Ese que parecía imposible incluso para él, ubicado en el puesto 17 del ranking, de regreso tras un parate de seis meses por una operación increíble (justo él, un Sarmiento que jamás se lesiona, se lastimó la rodilla bañando a sus hijos).

La final soñada -e inesperada- de Australia tuvo el final soñado por millones en todo el planeta, unidos a través de la TV, cualquiera sea la hora que tocara en suerte, para ver a dos gladiadores que nunca nos fallan a quienes disfrutamos del buen tenis, las batallas épicas por la gloria y los ejemplos de superación.

A los 35 años, el gran Roger sigue batiendo récords, impulsando su figura, desde hace rato instalada en lo más alto del tenis, al Olimpo deportivo de todos los tiempos, dejando mucho más que números difíciles de igualar para el resto de los mortales, incluido Rafa, al que no le ganaba un GS mano a mano desde hacía una década. Federer es “inspiración”, tal como tuiteó Del Potro segundos después de que el suizo alzara los brazos. Una inspiración que contagió al tandilense y a todos los que agarraron una raqueta en los últimos 15 años. Una inspiración que se mantendrá por siempre, aun para aquellos que no tuvieron la suerte de ser contemporáneos de este suizo que un día decidió cambiar su temperamento para ser el mejor y superó sus sueños.

A los 35, sigue batiendo récords e impulsando su figura al Olimpo deportivo de todos los tiempos.