“Si eres muy inteligente, tus genes de esquizofrenia no tienen muchas oportunidades de actuar”, afirma Kenneth S. Kendler, líder del estudio.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron el cociente intelectual de 1.204.983 hombres suecos (algunos con parientes esquizofrénicos) con edades comprendidas entre los 18 y los 20 años, y utilizaron un modelo teórico para calcular cómo influía el CI en el riesgo de desarrollar esquizofrenia. Los resultados revelaron, tras una investigación que se desarrolló desde 1951 a 2010, que las personas con un cociente intelectual bajo tenían más probabilidades de desarrollar la enfermedad que los que tenían un alto CI. Además, esta relación se hizo mucho más palpable en los participantes con historial familiar ligado a la esquizofrenia.
“Tener un cociente intelectual un poco más bajo conlleva un alto riesgo de esquizofrenia. No lograr un cociente intelectual alto lleva a que por su constitución genética y los antecedentes familiares, la esquizofrenia consiga fuerzas extra que la ayuden a su desarrollo”, explica Kendler. Esto, sin embargo, no significa que las personas muy inteligentes puedan librarse de facto de la enfermedad. Sin ir más lejos, contamos con el ejemplo del matemático John Nash (Premio Nobel de Economía en 1994).
Por otro lado, estudios aseguran que la esquizofrenia no afecta en ningún sentido a la inteligencia de las personas que la padecen. Para medir la inteligencia, a pesar de que no es una forma demasiado exacta, se realizan test de inteligencia, y en este caso sí es cierto que personas sin el trastorno pueden alcanzar mayores puntuaciones porque les resulta mucho más fácil. La esquizofrenia afecta la capacidad de concentración y atención.