El encuentro se dio en una semana que quedará para el récord, ya que se contaron nueve femicidios en ese corto lapso, dos de ellos en la ciudad organizadora. Y con miles de mujeres presentes.
Como se trataba de una verdadera fiesta, nada permitía anticipar el final violento que se vivió.
"Se va a acabar esa costumbre de matar", no sólo fue uno de los hits de la marcha, sino también uno de los deseos replicados en los miles de madres, hijas, hermanas, abuelas nietas, amigas, conocidas e ignotas. A pesar de que debía vivirse una verdadera fiesta, nada anticipaba un final violento. La noche del domingo, terminada la marcha, comenzó a circular la noticia de que un grupo que se desprendió de la columna principal había sido atacado en la catedral de la ciudad. Esas mujeres fueron allí para pedir la legalización del aborto, seguro y gratuito. Sin embargo, no hay argumento válido para la feroz violencia que sufrieron y nunca imaginaron vivir. La Policía dijo luego, para justificarse, que aquel recurso –balas de goma y gases lacrimógenos– era la única manera de frenar a tanta mujer decidida. Todo estuvo armado. Pero el asombro y el dolor se convirtieron en fortaleza. Aunque muchas mujeres no pudieron ser parte del cierre del encuentro, las que sí lo hicieron repudiaron la represión y también eligieron la sede de la próxima cita.
Dicen que se viene un Rosariazo.