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La literatura de la lluvia

Cortázar explicó en un relato ese fenómeno misterioso: la actuación de las gotas de lluvia en una ventana.

Al combo de lluvia y granizo que sacudió el domingo a la tarde a diversas localidades de la provincia, provocando graves inundaciones, calles anegadas y familias evacuadas, se le suma el pronóstico de fuertes tormentas para la jornada de hoy.

Más allá de los pronósticos, las alertas y ciertos cuidados y prevenciones que debemos tener, no puedo dejar de pensar la lluvia como ese hecho de la naturaleza que inspiró a numerosos escritores a escribir grandes textos que uno puede recordar y sobrellevar el día.

A mediados de los años 30, el poeta y periodista Raúl González Tuñón le dedicó a su mujer, Amparo Mom, un poema titulado precisamente “Lluvia”, en el que dice que uno comprende que “es hermosa”, la define con emoción cuando cae mansamente, furiosa cuando hace pensar en los maremotos, pero siempre la lluvia, dice el poeta, es “saludable y triste”. Y fue por más cuando escribió que a esa mujer la quiere “con toda la ternura”, “toda la violencia”, “todos los tambores” y “todos los violines” de la lluvia.

Julio Cortázar explicó en un brevísimo texto ese fenómeno misterioso que siempre nos llama la atención en los días de lluvia: la actuación de las gotas en una ventana. En “Aplastamiento de las gotas”, Cortázar les da vida a esas gotas de lluvia y convierte a cada una de ellas en un ente con voluntad propia, hasta les otorga una personalidad suicida.

“Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae”, escribió. Algo de literatura para un día en que la lluvia será protagonista.