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La Mañana estafa

La mafia de los afiladores de cuchillos llegó a Neuquén

Una mujer de Villa Farrel contó que quisieron estafarla y advirtió sobre el peligro de la modalidad.

Un viejo oficio en extinción, que en los últimos tiempos está siendo vilipendiado por algunos "vivos" que juegan a generar un mal entendido para aprovecharse de sus clientes. Aunque ya no es muy común verlos, algunos afiladores de cuchillos y tijeras siguen recorriendo los barrios para ofrecer sus servicios. La novedad es que en el último tiempo la actividad se convirtió en objeto de comentarios y hasta de denuncias, debido a una serie de situaciones que tuvieron lugar en distintos puntos de la Argentina y ahora en Neuquén.

Una nota de un portal de noticias Rosario -que advierte sobre la modalidad- hizo que a una vecina de Villa Farrel le cayera la ficha sobre la estafa de la que fue víctima hace dos meses atrás. Al leer el artículo la mujer terminó de confirmar que - tal como creía en un principio- lo que le pasó no fue producto de un mal entendido, sino de una actuación premeditada.

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Un hombre tocó el timbre de su vivienda para ofrecer sus servicios. "Desde el balcón de mi casa le pregunté cuánto cobraba por pieza y me contestó 200 pesos. Bueno, le pasé una cuchilla tramontina sin bajar, con una cuerda y una bolsa", contó Beatriz para luego aclarar que todo el intercambio se hizo a través de ese medio, ella desde el balcón y el hombre en la vereda.

"En ese momento me pregunta si quería que le haga un refilado. Como yo no sabía ni qué era eso, le contesté: 'Afílela y listo'. Cuando voy a pegarle , quise darle 200 pero me dijo que eran 1.200 pesos. Entonces, pensando que yo había escuchado mal, fui a buscar mil pesos y se los bajé por la soguita. El tema es que cuando los ve, me dice que faltaban otros 1200 por el reafilado. '¿¡Qué?! ¿Cómo refilado? Yo no le mandé hacer ningún refilado. Además me dijo 200 pesos', le contesté. Por suerte - a todo esto- él ya me había pasado la cuchilla, pero me quería cobrar 2.400 pesos. Yo me puse firme y no le pagué los otros 1.200 pesos del refilado. Al final se terminó yendo enojado, rezongando. Igualmente me quedé con miedo", recordó la mujer.

"Luego averigüé por Mercado Libre y mi cuchilla nueva salía 1.500 pesos y ahora veo la nota del diario de Rosario que habla de la mafia de los afiladores de cuchillos que relataba exactamente lo que me había pasado a mi", agregó.

"Están destrozando el viejo y honorable oficio del afilador. Yo la verdad es que le di el cuchillo apelando a mi recuerdo de infancia, casi apoyando a la gente que se gana la vida de esa manera. Me agarró por ese lado. Después cuando me dijo lo de los 1.200 pesos, pensé que había escuchando mal, pero cuando me quiso cobrar 2.400 en total por el reafilado que no le pedí, fue demasiado. Lo peor de todo es que yo en ese momento no me di cuenta, pero ahora leyendo la nota me di cuenta que me quiso estafar", exclamó.

"Yo lo cuento para que se aviven acá en Neuquén porque esto está pasando. Lo que más me preocupa es el peligro al que estamos expuestos. Por suerte yo no bajé, ni abrí la puerta de mi casa porque hice todo con la soguita. Pero podría haber bajado. Cualquier persona abre la puerta, le entrega una cuchilla (un arma blanca) a un desconocido y queda a merced. La afilan y de ahí pueden decirte: 'entrá a tu casa y dame todo lo que tenés'. Nunca me planteé esta situación hasta ahora. Antes había confianza, pero lo que pasó me hace pensar en que estamos en una situación de peligro. Para un delincuente esta situación es inmejorable", advirtió.

En la nota de La Capital a la que hizo mención Beatriz relatan una serie de episodios en los que los estafadores juegan con el mal entendido y luego lograr que les paguen más dinero que el pactado de antemano, al apelar a la confusión y la intimidación.

"Mabel baja con 500 pesos, dispuesta a dejarle propina. Pero algo se trastoca. La buena onda se convierte en apriete. 'Son 1.500 cada uno'. Mabel se queda congelada. El hombre se lo reclama con las hojas afiladas en la mano. La mujer mira a los costados. No hay nadie. Está en la puerta de su casa. Debe salir y entrar en soledad todos los días. Palpa sus bolsillos. Junta 3.000 pesos. Cuando se los da, detecta en su mirada un leve goce, como si se estuviera riendo. El tipo se va. Ella sube a su casa, impotente", se relata en el artículo.

"El modus operandi es siempre el mismo. La mayoría de las víctimas son mujeres, aunque esto no es exclusivo y también hombres han caído en el ardid. El supuesto afilador le dice un precio bajo a sus potenciales clientes para que acepten el servicio, y luego les intenta cobrar una cifra mucho mayor, con la excusa de un malentendido o bajo amenaza violenta de no devolverles los cuchillos o tijeras. Todos los relatos apuntan a los que pasan casa por casa. Ni uno solo a los que están fijos en algún lugar, o tienen local", agrega la publicación.

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