Unidos por la historia y por un sueño en común, cuando pocos se animaban a proyectar algo en el medio del desierto. Los destinos de Eduardo Talero y Carlos Bouquet Roldán, dos próceres de la ciudad de Neuquén, quedaron signados un día como hoy.
Bouquet Roldán, el gobernador que encabezó el traslado de la capital en 1904, había nacido el 22 de septiembre de 1854 en la provincia de Córdoba. Durante su vida ocupó varios cargos públicos y fue siempre un protagonista de la vida política argentina. Queda en la historia aquella primera charla que tuvo con Talero, ambos sentados en el arenal mirando una ciudad que todavía no existía, hablando de un “poema moderno” mientras dibujaba un plano con calles y diagonales.
Talero, poeta colombiano que tuvo que exiliarse de su tierra natal, había viajado por varios países del mundo antes de llegar al desierto patagónico, lugar donde se enamoró y echó raíces. Fue él quien apoyó a Bouquet Roldán en las ideas de diseñar la ciudad y organizarla para que fuera creciendo y desarrollándose en el tiempo.
Talero decidió irse de la ciudad luego del enfrentamiento que protagonizó con el gobernador Elordi por la matanza de los presos de la U9 en el paraje Zainuco. Su destino fue Buenos Aires.
Bouquet Roldán tampoco se quedaría viendo el crecimiento del pequeño pueblo. Cuando dejó la gobernación, su cuñado José Figueroa Alcorta asumió la presidencia de la Nación y lo nombró director de Aduanas. También partió a la misma ciudad.
Ambos soñadores y pioneros de Neuquén fueron marcados por el 22 de septiembre. Uno nació ese día y el otro murió en la misma fecha, muchos años después.