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Pablo Montanaro
montanarop@lmneuquen.com.ar
Pasa 8 meses del año en el Aconcagua, donde carga los equipos de casi 30 kilos de quienes buscan hacer cumbre.
Es una de las pocas mujeres guías de montaña del país. Hizo 9 cumbres en el Aconcagua y posee un récord histórico.
“La montaña es mi lugar en el mundo, la he tomado como parte de mi vida”, afirma María Isabel Farías, a quien todos en el campamento de Plaza de Mulas la llaman Chabela. Allí, a 4300 metros de altitud, en ese campamento base del Aconcagua, la montaña más alta de América (6960 metros), esta joven de 27 años trabaja durante varios meses al año como guía de trekking y porteadora, es decir, asistente a la cumbre de otro guía.
Nacer y vivir en San Martín de los Andes, rodeada de montañas, la llevó desde muy chica a sentir una pasión especial por ellas. “Mi padre me enseñó la montaña, y desde mi primera escalada, a la laguna La Kika en una de las cimas del cordón montañoso de Chapelco, a los 11 años, no paré nunca. Siempre hice campamentos y actividades al aire libre”, cuenta Chabela vía telefónica a LM Neuquén, en un descanso luego de su entrenamiento diario.
Cuando terminó el secundario se fue a Mendoza para hacer la Escuela de Guías de Trekking y Alta Montaña. Además de guiar en Mendoza, también lo hizo en el norte y sur de la Argentina, en Chile y Perú.
“Para ser guía de montaña, además de la formación, hay que entender y valorar a las personas, hacerles alcanzar sus objetivos aunque no necesariamente sea llegar a la cumbre, sino que se vayan motivando y alegrando con lo que van logrando”, explica. Precisa que son pocas las mujeres guías de montaña y que lo fundamental es "un buen entrenamiento, un buen estado psicológico, porque ahí arriba explota todo”.
Durante el año corre 3 o 4 veces por semana 5 kilómetros cada día y se propone hacer como mínimo 10 montañas anuales, además de trabajos de elongación y yoga.
Como porteadora, la persona que lleva los equipos de los turistas a lugares de alto riesgo, Chabela sube entre 20 y 30 kilos, pero explica que “eso depende del campamento que te contrate”. La joven hace porteos a Canadá, campamento a 4930 metros de altura; a Nido de Cóndores, a 5300 metros; y a Cólera, a 5950 metros. Explica que los porteos se dividen en dos: de expedición, donde se llevan carpas, ollas, calentadores y otros elementos; y de privados, donde se transportan las cosas personales de los que intentan alcanzar la cumbre. “Es necesario tener experiencia, saber cómo pisar, cómo llegar, cómo manejar el ritmo. Además de tener buen estado físico y resistencia, hay que manejar la cabeza. Hay personas que son fuertes pero la cabeza no los acompaña, entonces no pueden manejar las frustraciones, los egos…”.
Además de hacer nueve cumbres en el Aconcagua, Chabela es dueña de un récord de ascenso a la cumbre más alta de América desde Plaza de Mulas en 12 horas y 40 minutos. Fue el 20 de febrero de 2016, y le despojó el récord a la corredora de montaña brasileña Fernanda Maciel que una semana antes había hecho ese recorrido en 14 horas y 20 minutos. De esa experiencia recuerda que salió a las tres de la mañana, en plena oscuridad, buscando “el camino más familiar” que la llevara a la cima. Mientras el día se iba aclarando y al ver que las condiciones eran buenas “me fui entusiasmando, buscando llegar lo más alto posible y ver cómo respondía mi cuerpo en la altura y en la exigencia”. Al cabo de 9 horas y 16 minutos, hizo cumbre. “Sólo buscaba entrenamiento” confiesa. “Caigo en la certeza de que estaba batiendo un récord cuando mis amigos de la patrulla de rescate me empiezan a dar ánimo en la bajada. En ese momento yo quería ayudarlos a ellos que estaban bajando a un andinista japonés que había muerto en la cueva. Me ofrecí a ayudarlos pero ellos me gritaron: ‘Chabe, bajá y batí el récord’”. En su mochila, Chabela sólo llevó un botiquín, dos litros y medio de agua, abrigo, linterna y grampones.
La pasión por la montaña la comparte con su novio, Pablo Suárez, quien también es guía. “Lo conocí en el llano, en la escuela de guías de montaña", cuenta.
“Uno puede ser Iron Man, pero no subestimar a la montaña”, reflexiona acerca de la rigurosidad que requiere su trabajo, que la lleva a pasar 8 meses del año en la montaña.
"La gente me dice qué hago acá arriba con frío, con calor y sin comodidades. La verdad que nunca se me pasó cambiar mi estilo de vida, a veces me enojo conmigo por no estar en eventos familiares o sociales. Pero por el momento me gusta la montaña", comenta.
La libertad es poder disfrutar la montaña. No estar dependiendo de otros lugares para poder llegar a mi felicidad”.
Haciendo cumbre con su padre
La emoción todavía estalla en la voz de María Isabel Farías al contar que el 17 de febrero pasado conquistó la cumbre del Aconcagua junto con su padre, Juan Martín, de 59 años, quien actualmente vive en San Martín de los Andes.
"Fue una de las experiencias más lindas que viví en la montaña", le aseguró Chabela a LM Neuquén. "Mi papá fue quien me enseñó la montaña cuando era chica, y ahora pudimos vivir juntos esta experiencia", comentó. Y agradeció a su madre, que "lo preparó al viejo física y psicológicamente".