Estados Unidos.- Uno de los principales problemas que tuvo el Concorde, y que en 27 años de servicio nunca pudo resolver, fue el excesivo ruido que provocaba en tierra cuando volaba más rápido que el sonido, algo que llevó a que las autoridades estadounidenses prohibieran en 1973 los vuelos supersónicos sobre el país.
Esta misma prohibición fue también uno de los factores que contribuyó a que el Boeing 2707, el equivalente estadounidense del Concorde, no pasara nunca de la mesa de diseño. Pero si ahora la NASA se llegase a salir con la suya, quizá en unos años veamos en vuelo aviones supersónicos libres del estampido sónico que tanto acomplejó al Boeing 2707 y al Concorde.
Para ello tiene en marcha el proyecto Quiet Supersonic Technology (Tecnología Supersónica Silenciosa), o QueSST, que tiene precisamente como objetivo demostrar que es posible crear aviones como esos. SST, además, son las iniciales de Super Sonic Transport (transporte supersónico). Tras años de pruebas con modelos de computadora y a escala en túneles de viento, se acaba de poner en marcha el procedimiento para la construcción de un avión que demuestre esto en la práctica.
La nave se unirá a la serie de los aviones X, que desde hace décadas fueron utilizados para hacer avanzar la tecnología aeronáutica. Este avión, en cuyo diseño colaboró Lockheed Martin, es el de un monoplaza de ala delta -triangular, igual a la del Concorde- con un motor montado sobre el fuselaje y unos 10 metros de longitud, capaz de volar a 1,4 veces la velocidad del sonido a 55.000 pies de altitud, algo más de 18 kilómetros.
La agencia espacial está convencida de que el diseño del avión hará que las ondas sonoras se solapen de forma distinta de como lo hacían con el Concorde de tal forma que el nivel sonoro del avión será 1000 veces inferior, lo que podría convencer a las autoridades para retirar la prohibición de vuelos supersónicos sobre áreas pobladas. De hecho, está previsto que QueSST llegue a hacer pruebas -si todo va bien- a principios de la próxima década, sobre hasta seis zonas habitadas para comprobar las bondades de su diseño.
Pero en cualquier caso conseguir un avión supersónico silencioso no es más que una parte del problema: habría que ver si el diseño es escalable al tamaño de un avión de pasajeros y si su explotación sería económicamente viable. En el caso del Concorde, nunca lo fue, y esto fue lo que llevó a que lo terminaran discontinuando en 2003, después de haber comenzado a volar en 1976 para recorrer en la mitad de ese tiempo distancias para las que aviones comerciales demoraban ocho horas.