La pandemia hace estragos en los comercios cipoleños

Distintos relatos reflejan lo mal que la están pasando los comercios, en tiempos de pandemia. Con las persianas bajas, cumplen la cuarentena.

Por Guadalupe Maqueda-maquedag@lmneuquen.com.ar

Los efectos de la pandemia del Covid-19 esconde varias caras de preocupación y lamento, en la trastienda de la mayoría de los comercios que bajaron la persiana hasta el 12 de abril, por lo menos. Los relatos son duros y "dan ganas de llorar", como reza la canción que recorre el mundo para graficar la situación de aislamiento social que estamos viviendo.

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Muchos de los comerciantes se preguntan cómo será la vida después del 12 de abril; si podrán volver a levantar la persiana de su comercio, si la gente irá por un café, por un corte de pelo, comprará materiales para su casa o dejará una seña en su local para festejar más adelante un cumpleaños, un casamiento.

Nadie tiene certezas sobre el escenario actual de la pandemia, ni existe una visión muy optimista para los comercios pequeños, en el corto plazo. Si ya es difícil sortear el día a día, e imaginar cómo sigue esta película que lo cambió todo, en los próximos meses todo parece muy difícil de sobrellevar para los comerciantes de esta ciudad.

Lo ayudan a comer amigos y clientes

Daniel Dieguez (32) es peluquero y apostó al comercio local, hace nueve meses. Puso su barbería Danniel's -el local nuevo está en Suipacha 115- y en poco tiempo se hizo querer por chicos y grandes. Su mujer está embarazada y tiene fecha para este sábado. Juntos esperan una nena, y no saben cómo van a hacer. Están sin ingresos, de ningún tipo, con deudas para pagar, y sin familia que los ayude, en esta ciudad.

"Me ayudan algunos clientes con artículos de limpieza y alimentos; y la plata que reservamos para pagar el alquiler, la tuve que usar para comer", contó a LMCipolletti.

"También estoy sacando fiado de un almacén, otro cliente me ayudó con dinero; pero la tarjeta de crédito no la puedo pagar y me cortaron el teléfono. Estamos muy mal", agregó el comerciante.

Hay un cliente, a quien le cortó el pelo, y le regaló 600 pesos; otro que le dio dinero a cuenta de futuros cortes y un panadero que le llenó de productos el freezer. La solidaridad de amigos y clientes, es lo único que los sostiene.

Ya desde la semana previa a la cuarentena nunca pasó de los cinco cortes, y notó que la gente estaba asustada. El viernes 20, directamente no entró nadie al comercio. Pero si lo llaman, atiende. "El tema es que no lo hace nadie, se están cuidando todos", dijo Daniel.

Mientras se las rebusca con ayuda de amigos y clientes, confesó que no cree que esta malaria se termine el 12 de abril. Consideró que el volver a la actividad será parte de un proceso. "Esto nos asusta, porque si el inicio es paulatino, la lógica indica que lo último que tendría que empezar a trabajar es un centro de estética, de modo que no sabemos si podemos abrir, cómo haremos, o nos tenemos que volver a Mar del Plata, donde está nuestra familia", evaluó.

Y confesó: "Hoy nos toca estar lejos de casa y nos toca vivir esta situación. Nos pone mal porque nunca pasamos necesidad de esta manera".

Sin fiestas por delante

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Uno de los rubros más castigados por la cuarentena, y que tiene pocas chances de volver después del 12 de abril, es aquel que promueve los eventos sociales. Claudia Cañupan es una de las caras más visibles, en esta ciudad, junto a su marido Miguel Zúñiga. Juntos llevan 17 años de trabajo en Imagen Digital Producciones, con oficina en España y Alem.

Sin embargo, la coyuntura actual los lleva a pensar seriamente si podrán volver a la actividad, o tendrán que dar vuelta la página y dedicarse a otra cosa. Por fortuna, no tienen empleados que sostener, pero el último evento que hicieron fue el 7 de marzo, un casamiento en Fernández Oro, y desde entonces no tuvieron más ingresos. "Tampoco recibimos ayuda social, aunque yo soy monotributista y supongo que Afip me tiene registrada", acotó Claudia.

Tenían un ahorro, pero lo utilizaron para pagar deudas; y se siguen endeudando cada vez que pasan la tarjeta para comprar comida en el súper. "Estamos comiendo de ahí, y mis hijos son estudiantes, así que no tenemos otra entrada", indicó la fotógrafa.

Si bien el malestar económico de los comercios es general, advirtió que ella se dedica a uno de los rubros más afectados por la cuarentena, ya que los eventos sociales "van a seguir suspendidos", mientras dure la pandemia. Por eso dijo que tendrán que encontrarle la vuelta. "Más de dos meses no vamos a poder aguantar, ya tenemos que activar de algún modo", expresó la comerciante.

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En ese sentido, comentó que sus hijos, en la situación pre-pandemia, tomaban pedidos sobre artículos de limpieza en bidones, y es una alternativa dedicarse a eso, pero ya como proyecto familiar, cuando pase esta situación.

"Nosotros respetamos totalmente la cuarentena, y esperamos que los ciudadanos tomen conciencia, también la cumplan y podamos terminar con esta curva para retomar la actividad. Económicamente, también nos preocupa cómo vamos a pagarle a los clientes que terminaron de pagar sus compromisos. Debemos fiestas de marzo y abril, que se cancelaron o postergaron", contó.

Claudia, como el resto, vive una situación "totalmente nueva", ni siquiera comparable con el 2001, cuando el país hizo otro crisis muy importante. Entonces, pudieron sostener el comercio. Ahora, no saben si podrán seguir en el rubro, pese a la solidez de una larga trayectoria y reputación. "Estamos en la lista de Anses para que nos den una mano, aunque con 10 mil pesos no solucionás mucho", cerró.

Se las rebuscan con el stock que les quedó en el comercio

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Fuera del contexto de la pandemia, Noelia (39) y su marido Eduardo Ancao (38) venden materiales en Imagen Pisos Cerámicos, su comercio de calle Don Bosco al 900. Ellos, como la mayoría de los comerciantes, tuvieron que cerrar y cuentan los días para que el parate se termine. "Somos autónomos, vivimos del negocio y nos tenemos que rebuscar solitos", expresó Noelia.

No pueden acceder al bono de 10 mil pesos que ofrecerá el gobierno nacional a desempleados y monotributistas, pero se les ocurrió que podían aprovechar el stock que les fue quedando en el comercio, ya que el depósito está cerrado. No es mucho, pero lo están publicando para tener algo de venta.

"Por lo menos así cubrimos los gastos fijos y no tenemos deudas. Sólo estamos atrasados con los impuestos municipales y las tarjetas de crédito. Algunas ventas han salido y así nos vamos manejando. Nos preocupa mucho nuestro rubro, si no puede abrir, porque no tenemos otra entrada", contó.

Por eso, mientras arreglan cómo llevar la poca mercadería que venden a sus clientes, solicitaron al Municipio que les permita abrir el comercio, de 9 a 13. "Vamos a ver qué pasa, tenemos fe de retomar la actividad. De lo contrario, no sé qué haremos. Nos conformamos con trabajar en ese horario", acotó Noelia.

Con todas las precauciones, hacen entregas a domicilio o la gente retira en el comercio o en su domicilio. Hay demanda, incluso porque la situación de aislamiento lleva a mucha gente a hacer cosas en su casa. "Les ofrecemos el servicio pero tampoco podemos hacer mucho, estamos con poco stock en el comercio", aclaró.

Noelia y su familia respetan la cuarentena, sobre todo porque tienen padres mayores e hijos pequeños. No obstante ello, confesó que le da más miedo que el parate se estire mucho más, ya que la situación no es "ni remotamente parecida" al 2009 (con el brote de H1N1). "Si esto se sigue estirando, no sé qué vamos a hacer. Estamos todos en la misma situación, pero otros están más complicados porque tienen empleados. No es mi situación, por suerte", apuntó.

Plaza Bar: "Lo primordial es pagarle a la gente"

Entre los complicados, que tienen personal a cargo, está Gabriel Duarte (53), el dueño del tradicional café Plaza Bar. Dijo que la situación le pegó "muy mal, como a la mayoría"; y comentó: "Cerramos el 11 de marzo, no estoy generando ingresos, y con ahorros que yo tengo, estoy pagando a mis empleados (que son 13)".

Justo tenía que ir a la casa de uno de ellos a pagarle el sueldo, cuando LMCipolletti quiso sumar su relato: "Lo primordial es pagarle a la gente, porque si vuelvo a abrir, es la gente que va a estar trabajando conmigo. Esa es mi mayor preocupación, lo demás lo piloteo. Veré cómo hacer".

El comerciante, por ahora, tiene respaldo para pagarles el sueldo, pero si el parate se extiende más allá de mayo, confesó que se le va a complicar.

Tampoco considera que se justifique vender cinco viandas, si se venden, bajo la modalidad de delivery; y advirtió: "De parte del gobierno no ha salido nada para nosotros, algo van a tener que hacer".

Gabriel, como todos, no sabe con certeza qué pasara después del 12 de abril. Pero ya se hace la idea de que, con suerte, abrirá en mayo, porque todavía no se vio el pico de la pandemia, y cortar ahora con la cuarentena, sería echar por tierra todo el esfuerzo que se viene haciendo.

Dijo que el panorama por delante lo ve muy complicado, mientras buscan entre todos los comerciantes llegar al gobierno o al gremio Uthgra para encontrar soluciones. "Honestamente, lo que me asusta es lo que va a quedar a raíz de la pandemia, cuántos vamos a volver a abrir, cómo vamos a hacerlo y cuándo porque no lo veo cerca", advirtió.

"Ojalá me equivoque y me tenga que morder la lengua, pero siendo pesimista, yo creo que los bares seremos uno de los últimos comercios en abrir; y cuando lo hagan, no será la gente, en su totalidad, la que venga. Por más que lo permitan, no se va a animar a salir, ni creo que tenga dinero. Esto recién empieza, hay que ver los números de la pandemia. Allá por noviembre, con la primavera y las noches lindas, la gente tal vez no tenga miedo y la actividad se reactive", manifestó.

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