La reinvención del Chardonnay: ¿cuáles probar?

En tierras en las que les damos prioridad a los tintos a la hora de destapar una botella, algunos blancos pisan fuerte y se esfuerzan para ganarse un lugar en nuestra mesa.

Joaquín Hidalgo
Especial

¿Hace cuánto que no tomás un chardonnay? Lo más probable es que lleves largos meses sin darte un gusto. Y lo más probable, también, es que esa falta no suponga ningún extrañamiento. Es lógico: para los argentinos, los tintos primero, y luego, si queda margen, algún blanco por si la visita quiere.
Precisamente por ese desdén hacia los blancos, los estilos se ajustaron –y mucho– a la sombra del mercado. Lejos del radar del consumidor. Pero ahora hay una nueva camada de vinos blancos que la rompen. Y que, a todo bebedor de vino, sea social o concienzudo, le arrancará un silbido de admiración y lo obligará a la pregunta: ¿por qué no lo probé antes?

En especial la variedad chardonnay. La más clásica de las blancas es también la que más camino ha transitado en este eclipse. De aquellos blancos inexpresivos de hace dos décadas, a los perfumados, envolventes y frescos de ahora. El principal, el camino más importante, es el que marcó el advenimiento de nuevos terruños: más altos, más frescos, que delinean modernos carenados a un blanco clásico.

A resultas de ello, la góndola actual ofrece un panorama perfecto para darse un gusto. Por precio y por estilos. Porque no hace falta gastar un dineral para hallar un perla y las posibilidades de hallar un vino distinto son realmente altas. Así es que, en plan de saldar la deuda con la variedad, en los blancos que recomendamos a continuación se encontrará la próxima. Así, cuando vuelvan a preguntarte hace cuánto que no tomás un chardonnay, la respuesta pueda ser anoche.

Nuevos: Los terruños más altos y más frescos delinean modernos carenados a un blanco clásico.

Postales (2015, $65). De la Patagonia y elaborado con criterio de frescura, este ejemplar le baja la térmica a las crecientes temperaturas a fuerza de fruta y tensión. Bueno para acompañar los aperitivos con queso, es un best buy en góndola.

La Espera (2014, $80). Elaborado con uvas de San Rafael, Mendoza, ofrece un perfil clásico y envolvente. Fragante en aromas, al paladar es pura sensación amplia. Para darse un gusto con una rica burrata, regada de oliva extra virgen y con unos tomatitos secos.

Killka (2015, $94). Elaborado con uvas del Valle de Uco, en Mendoza, tiene dos cosas destacables: aromas nítidos y frescura glacial. Ideal para una picada en el jardín, mejor si es con un jamón crudo.
Saurus (2014, $100). Elaborado en San Patricio del Chañar por Familia Schroeder, es un ejemplar de ley: con paladar amplio y carnoso, suave al tacto y de largo sabor. Perfecto para beber solo o con unas pastas con hogos salteados.

Crios (2014, $110). Susana Balbo Wines tiene, en sus canchera línea Críos, este Chardonnay que emplea uvas de altura. De una frescura gélida y con el paso delicado del buen chardonnay, es para beberlo en un momento de relajo, picando olivas y pistachos, para más gusto.
Argento (2014, $110). La casa de Cruz de Piedra, Mendoza, ofrece un perfil clásico para su chardonnay, con paladar cremoso, envolvente y de suave fluir. Amantes de la suave cadencia, agendar este vino. Para más datos, mejor acompañarlo con una picada de quesos tipo gouda.

Domaine Bousquet (2014, $110). En el alto Valle de Uco, Mendoza, se elaboran alguno de los más destacados Chardonnay locales. Y esta casa cuenta con uno de ellos, punto justo entre el paso cremoso y el andar tirante, es pura fruta blanca y sabor. Perfecto para darse un gusto y acompañar una rica trucha.

Terrazas de los Andes Reserva (2014, $160). Elaborado en el Valle de Uco, es el punto justo entre un blanco nervioso y uno sosegado, con el plus, nada despreciable de un tacto untuoso y a la vez amplio. Inmejorable para comer, con salmón a la parrilla es la gloria.

Los más caros de Argentina

Bodega Catena ha tenido varias osadías a lo largo de su historia. La última fue cuando en 2014 puso en el mercado los primeros chardonnay que cuestan más de mil pesos: White Bone y White Stone, elaborados con parcelas del viñedo Adrianna, que la casa tiene a 1450 metros de altura. El truco es que se trata de una selección del mismo viñedo pero realizada sobre suelos distintos. No son los únicos que trabajan en esa línea, sí los primeros en llegar tan lejos.

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