En ese escenario, llegó la hora de la verdad. Hoy, el conjunto del Tata Martino buscará acceder a las semifinales ante la respetable pero de todas formas modesta Venezuela.
Ya sin Brasil ni Uruguay, los otros colosos sudamericanos, el camino parece allanado pese a que, como dijo Mascherano, en estas instancias "te equivocás y te volvés a casa". Es que si se da la lógica y la Albiceleste supera el escollo de la Vinotinto, luego tocará una Estados Unidos diezmada, a la que le faltarán tres piezas clave. Pese a su entusiasmo y la localía, lejos está de meter miedo el combinado yanqui. Recién en la hipotética final Argentina podría cruzarse con un rival de parecida aunque igualmente inferior envergadura. Claro que la Selección no está en condiciones de subestimar a nadie tras penar tantos años. Llegó el momento cumbre. Ojalá sea también el de la reparación histórica para la generación dorada de nuestro fútbol.