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El informe técnico sugiere apostar fuertemente en los análisis de detección rápida amén de las inversiones en las vacunas de las cuales todavía se desconoce cuál será su impacto global. Y precisa que los controles rápidos tienen que focalizarse puntualmente en los segmentos más pobres, es decir donde el coronavirus ha ocasionado los mayores daños, en especial muertes.
El FMI focalizó su estudio en el comportamiento y las decisiones individuales en función del ingreso, en lugar de centrarse únicamente en la edad, el género y otros factores demográficos tal como ha venido sugiriendo la OMS.
El comportamiento y las decisiones que colocan a las personas más pobres en la primera línea de contagio durante una pandemia suelen ser producto de la necesidad, dice el Fondo.
En primer lugar, subraya, muchos trabajadores con salarios bajos trabajan en servicios considerados esenciales durante la pandemia (tales como los comercios de alimentación y los servicios de reparto) o en empleos con escasas posibilidades de trabajo remoto.
En segundo lugar, los barrios pobres suelen tener una mayor densidad de población, lo que propicia más los contagios. En tercer lugar, los más pobres también tienden a tener ahorros para emergencias muy reducidos, lo que limita sus posibilidades de reducir las horas de trabajo para disminuir el riesgo de contagio (por ejemplo, trabajadores informales autónomos).
El FMI ahora se preocupa por la salud, no es poca cosa.