Más de diez casillas se levantaban ayer en el predio del ex patinódromo de barrio Parque Industrial, terreno ocupado por un grupo de familias desde hace ya más de una semana. A pesar de la intimación y la posterior orden de desalojo (que finalmente no se concretó) por parte de la Justicia, las 80 familias se aferran al sueño de tener su propio espacio, aunque esta situación dista de los parámetros normales de cómo lograrlo. ¿Puede uno, si se le ocurre, asentarse en un lugar cómo si fuese propio? Definitivamente no.
“Estamos tratando de fomentar un cambio en el paradigma cultural”, me dijo días atrás una funcionaria municipal en referencia a la necesidad de que este tipo de actos no vuelvan a ocurrir. Pero si esto se repite en febrero, marzo y abril, por algo ocurre y es necesario buscar una salida.
La necesidad de un techo propio es, sin dudas, una de las mayores que cualquier grupo familiar tiene, además de alimentarse. El Municipio ha encarado un ambicioso proyecto de normalización de los asentamientos existentes, pero la demanda sigue existiendo.
A pesar de los promocionados créditos hipotecarios, no todos tienen chances de obtenerlos por la falta de un trabajo consolidado o por los magros sueldos que no alcanzan a satisfacer los requisitos.
Entonces se deberían despertar las alertas para brindarles una respuesta a aquellas personas carenciadas, que sólo son objeto de interés en tiempos electorales (casualmente este año es uno de ellos). ¿Oportunismo? Siempre lo hay, y están los que aprovechan en el tire y afloje a jugar alguna carta para tal o cual sector político.
La necesidad de un techo propio es, sin dudas, una de las mayores que cualquier grupo familiar tiene en la vida.