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No se puede discutir nada sobre la inacción de la Oficina de Violencia del Poder Judicial cuando una mujer fue violada por su ex con un cuchillo apoyado en la garganta y al filo de transformarse en una víctima más de femicidio.
La realidad está a la vista y expuesta con lujo de detalle. ¿Qué le van a explicar y prometer o por qué ella tendría que creerles?
Hace poco más de un año, el ex fiscal de Cutral Co Santiago Terán fue cuestionado por decir en una radio de la comarca que “si el Estado no está en condiciones de brindarle seguridad a la mujer en riesgo, hay que darle un arma para que, llegado el momento, pueda defenderse”.
Los dichos después se desvirtuaron y el histrionismo de Terán lo hizo derrapar en un canal porteño.
Pero en el fondo o mejor dicho, en la mesa de los bares, en los pasillos de las comisarías y del Poder judicial, uno vive escuchando la frase que demuestra el absurdo y la realidad: “Al final, Terán tenía razón. Pero él no lo tenía que decir por una cuestión institucional”.
Es complejo el tema por donde se lo mire, pero podría apostar a que la mujer que fue abusada con un cuchillo en el cuello la madrugada del sábado habría dado cualquier cosa por tener un arma a mano.
Incluso antes, cuando en febrero el hombre la secuestró en su auto e intentó abusar de ella en el Z1. Terrible momento del que logró zafar.
Lo pregunta es para todos los poderes del Estado: ¿es cierto que quieren cuidar a las víctimas o solo lo hacen para quedar bien desde lo discursivo? En caso de ser cierto, están haciendo las cosas mal. Revisen y repasen cómo las van a proteger.