La escalada de violencia en el conflicto de los estatales tuvo una oscura página la tarde de ayer. El diálogo parece una utopía pero es la única salida: sentarse a la mesa de negociaciones para definir lo que será el futuro convenio colectivo de trabajo del sector salud de la provincia de Neuquén. Tres reuniones en las que el Gobierno y el gremio ATE midieron fuerzas, sin avanzar en un diálogo llano sobre el futuro de los trabajadores, generaron medidas de fuerza que pusieron en jaque primero a los hospitales públicos, luego al dictado de clases y otros sectores de la administración pública provincial, y ayer a toda la población que veía azorada cómo la violencia ganaba las calles neuquinas.
Muchos dirán que fue exagerada la acción policial. Muchos dirán que fue un desmadre la actitud de los sindicalistas arrojando piedras sin miramientos. Lo que es seguro es que ya estamos todos cansados de estos sinsabores en esta época del año.
La escalada de violencia fue subiendo en las últimas semanas y la apuesta gremial pareció no tener frenos. Primero tomando el Ministerio de Finanzas, cortando los puentes y las rutas, más tarde ocupando otras dependencias y el miércoles “tomando de rehenes” a quienes se encontraban festejando un logro en la Jucaid. Ese logro que pretenden ellos pero no se sientan a la mesa de negociaciones. La próxima, prevista para el 11 de diciembre, parece estar muy lejana.
En el medio de este tire y afloje estamos los ciudadanos que necesitamos de la atención médica y nuestros niños que esperan concluir las clases con una sonrisa. Hoy, otra movilización, que se piensa multitudinaria, atraerá la mirada de todos. Mientras la solución al conflicto espera sentada.