El gobierno de Evo Morlaes adoptó una medida controvertida. Resolvió que todos los extranjeros que se atiendan en los hospitales públicos de Bolivia deberán pagar la consulta médica.
Rápidamente, su colega Mauricio Macri le pidió que excluya de la medidad a los argentinos que pasan o viven en Bolivia. Y la respuesta no se hizo esperar: un no rotundo.
Morales argumenta razones financieras. Dice que la atención hospitalaria se debe a los locales, y especialmente a aquellos de escasos recursos.
El gobierno de Jujuy se apresta a hacer lo mismo, al señalar que en los hospitales provinciales abundan los pacientes del otro lado de la frontera que son atendidos gratis. Esa decisión es una consecuencia de la medida boliviaba y ayer cosechó el respaldo del gobierno nacional que, de paso, quiere que el Congreso analice una ley para arancelar la atención sanitaria a los extranjeros.
Evo vivió parte de su niñez en Salta, adonde llegaron sus padres para trabajar en la zafra en búsqueda de un horizonte más promisorio que el que ofrecía Bolivia en ese entonces.
En Neuquén, los bolivianos desplazaron a los chilenos al segundo lugar entre los extranjeros que más se asientan aquí, según la Dirección de Migraciones.
Las relaciones entre Morales y Macri son tensas. Así fue desde el primer día como presidente del líder de Cambiemos y, seguramente, este tipo de discrepancias (y sus consecuencias) no benefician a nadie.
Un Mercosur integrado en términos de intercambio comercial entre los países miembro parece una utopía. Y la hermandad entre los pueblos parece ir en esa dirección.