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Las desventajas de ser una persona muy inteligente

Más angustia existencial y ansiedad, e incapacidad para ver defectos propios.

Toronto.- Si la ignorancia da la felicidad, ¿es la inteligencia sinónimo de tristeza? La opinión general parece decir que sí.
Poseer un coeficiente intelectual alto no está relacionado directamente con tomar mejores decisiones, y muchas veces puede implicar exactamente lo contrario.
En 1926 el psicólogo Lewis Termin decidió estudiar a un grupo de niños superdotados, muchos con más de 170 de coeficiente intelectual, que fueron conocidos como los Termitas. La conclusión que se pudo sacar de los Termitas es que, mirando el lado positivo, un gran intelecto no implica ninguna diferencia a la hora de medir la felicidad, y mirando el lado negativo, puede significar una menor satisfacción con la vida.
La gente inteligente sufre de una mayor angustia existencial. Tal vez el mismo conocimiento del talento propio se puede convertir en una carga.
En los años ‘90 se les pidió a los Termitas que sacasen conclusiones sobre su vida, y en vez de reconocer sus éxitos muchos parecían tener la sensación de no haber cumplido con las expectativas que tuvieron de jóvenes.
 Otra queja recurrente es que los niños superdotados parecen ser más conscientes de los problemas del mundo. La gente más inteligente se preocupa más por la condición humana o se angustia con la estupidez de los demás.
Otros estudios demostraron que aquellos con un alto CI se preocupan más y sufren mayores niveles de ansiedad a lo largo del día.
Pero la ansiedad no proviene de plantearse las grandes preguntas existenciales, sino de preocupaciones mundanas.
 Keith Stanovich, de la Universidad de Toronto, se pasó la última década haciendo pruebas de racionalidad, y ha descubierto que la capacidad de tomar decisiones de forma correcta no está relacionada con la capacidad intelectual.
Los superdotados tienden a tener un “punto ciego de la parcialidad”, lo que provoca que sean incapaces de ver sus propios defectos y de que se guíen mucho por sus instintos.
Entonces, si la inteligencia no lleva a tomar mejores decisiones, ¿qué lo hace? Igor Grossman, de la Universidad de Waterloo en Canadá, afirma que tenemos que recuperar un viejo concepto: el de la sabiduría.
“Mucha gente coincide en que sabiduría es la capacidad para tomar decisiones de una forma imparcial”, afirma el científico.
Grossman comprobó que aquellos con mejores resultados en pruebas de sabiduría también tenían una mayor satisfacción con la vida, mejor calidad en sus relaciones y menores niveles de ansiedad. Pero que estas cualidades no tenían relación alguna con el CI.