No deja de ser un consuelo que los destinos veraniegos de todo el país padecieron la misma crisis, un escenario que recordó al de 2001. Los analistas culpan ahora a la incertidumbre que generó el cambio de gobierno, que por las dudas impidió a muchos vacacionar, y las ventajas que ofrecía Brasil. Pero en el análisis finito surge que el principal balneario rionegrino repitió los vicios de siempre, que reiteran las quejas tantas veces expresadas: los elevados precios, especialmente en gastronomía. Las causas suelen adjudicarse a la voracidad de los comerciantes, que esperan –según esta hipótesis- obtener jugosas rentabilidades en sólo poco más de dos meses.