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Las dos caras del Estado

Cristian Navazo.

Las dificultades para acceder a un terreno son un mal crónico arraigado en la inoperancia y la inacción del Estado –tanto provincial como municipal–, que nunca consensuó una política de tierras seria que dé igualdad de oportunidades a los vecinos. En cambio, los grandes emprendimientos inmobiliarios siempre encuentran los caminos allanados. Claro, cuando el negocio es importante, las puertas se abren solas. Hay miles de familias neuquinas que necesitan y están dispuestas a pagar por un terreno. Pero no hay ahorro que alcance para el trabajador ni para el profesional medio. Vaca Muerta infla día tras día la burbuja inmobiliaria, con alquileres al límite de lo impagable, mientras en los despachos gubernamentales nadie se da por aludido. La línea para construcción de vivienda y compra de terreno del Procrear hoy es apenas una ilusión, tras las decenas de reuniones que mantuvieron los beneficiarios con funcionarios que se pasaban las responsabilidades de uno a otro. Los 150 mil pesos que ofrece el programa no alcanzan para comprar un lote con servicios en la ciudad en una ubicación decente. Las pocas propuestas que ensayaron los funcionarios incluían tierras yermas en medio de la meseta donde llevar la luz, el agua y el gas le costaría al menos 170 mil pesos a cada beneficiario. Resignados, varios eligieron el exilio. El pequeño grupo que aún no pierde las esperanzas, espera lograr su sueño de la mano de una mutual. En los últimos tiempos, la ciudad expulsa sistemáticamente a miles de vecinos que se van -obligados- a Plottier, Centenario, Cinco Saltos o Fernández Oro, donde los precios son más accesibles. Una elogiable herramienta estatal como los Procrear es saboteada en Neuquén por la cara autista del Estado que permite que el sector privado imponga la mano dura del atroz juego del libre mercado.