El 30 de abril de 1977, frente al horror de la dictadura, catorce mujeres salieron a la calle a pedir por sus hijos desaparecidos. Se encontraron en la Plaza de Mayo y así estaban señalando un camino que con el tiempo sería inclaudicable. Esas mujeres, cuyo oficio central había sido el de madres y amas de casa, gestaron uno de los movimientos sociales más importantes de la historia. Con el único objetivo de buscar justicia, sin odios ni venganzas transformaron el dolor en acción. Convirtieron las plazas y las calles en el territorio de sus luchas.
Se reunieron cargando penas y angustias, dolores y muertes, represión e indiferencia, en medio de un país aterrorizado. Algunos las llamaron “viejas locas”, pero sus incesantes rondas, reclamos y verdades dieron la vuelta al mundo. El resto de la sociedad abrió los ojos porque ellas despertaron conciencias. Como bien dijo Eduardo Galeano: “Se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria”.
Sus blancos pañuelos acompañan desde entonces la búsqueda de verdad y justicia y también se agitan ante cada lucha social. Ese nudo en la barbilla, bien ajustado, significa el abrazo de los 30.000 muertos y desaparecidos.
Han sembrado ideales en las generaciones que las siguen cada 24 de Marzo. Son el triunfo de la ética, como alguna vez definió Osvaldo Bayer mirando fijamente los ojos de Lolín Rigoni e Inés Ragni, y recordando a Beba Mujica y a las otras Madres de Plaza de Mayo filial Neuquén y Alto Valle.
Sin duda los caminos del futuro tendrán los nombres de estas Madres que siguen en la calle, gritando la verdad, el amor por la vida, la búsqueda de la esperanza, el no a la muerte. En estos 40 años de lucha alzaron los ideales y sueños con los que sus hijos se habían comprometido.
Hoy se cumplen 40 años de la primera vez que 14 mujeres salieron a la calle a reclamar por sus hijos desaparecidos.