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Las Pascuas en calles de tierra

Algunos más viejos tendrán otros recuerdos –pero no tan diferentes a los míos– de lo que eran los Viernes Santos en la ciudad de Neuquén.

Particularmente, tengo frescas en la memoria las celebraciones de la década del 70, pero porque yo era un chico y mi abuela siempre me llevaba a las procesiones que se hacían por la Avenida Argentina hasta lo que es hoy la Plaza de las Banderas. Aunque no pasaron tantos años, la ciudad era otra, más parecida a un pueblo que a la gran capital de estos días.

La peregrinación comenzaba frente a la Catedral de Neuquén, donde cerca de las 7 u 8 de la tarde comenzaba a concentrarse la gente. Tal vez no eran muchos, pero para mí era una multitud.

Con Don Jaime de Nevares a la cabeza, la procesión rumbeaba hacia el norte y en la calle Islas Malvinas comenzaba el verdadero acto de contrición o de fe, porque había que tener ganas de caminar por ese lugar.

En aquellos años, el pavimento llegaba hasta la última casa del barrio militar. Después de eso, la avenida se convertía en un camino polvoriento que recién comenzaba a tener forma de calle a fuerza de máquinas viales, pero donde todavía predominaban las piedras y la arena. No era nada sencillo.

Por ese camino desértico desfilaban los centenares (¿miles?) de fieles cantando a capella “El mensajero de la paz”, hasta llegar a la punta más alta de la ciudad.

Era un acto religioso pero también social, ya que todo el mundo se conocía y se saludaba.

Y el retorno era más ágil, aunque no menos complicado, entre nubes de tierra que quedaban suspendidas durante varios minutos.

Eran las mismas Pascuas de siempre, con idéntico fervor religioso, pero en una ciudad distinta, donde la barda era bien protagonista.

Era muy dificultoso subir por la Avenida Argentina, que después de Islas Malvinas era de tierra.