Macri y los gobernadores se necesitan mutuamente. La coyuntura aprieta y las cuentas están calientes.
Por un lado, necesita enfriar los juicios de las provincias a la Nación por la discreción crónica con la que se administraron los recursos coparticipables. Y, por el otro, sumarlos como aliados para conseguir en el Congreso la aprobación de los instrumentos legales que permitan pagarles a los fondos buitre.
Desde el regreso de la democracia, los gobernadores no tuvieron tanta atención como ahora. Aunque, es cierto, que (como ahora) nunca se los necesitó tanto para hacer frente a una coyuntura especialmente delicada.
En ese contexto, el gobierno vio cómo se recalentaron las cuentas públicas este verano, y no por las altas temperaturas. Ayer se confirmó que el déficit financiero de enero trepó a 2197,1 millones de pesos, pese a que el rojo primario cayó un 90 por ciento luego de la drástica reducción del gasto en los ministerios que incluyó miles de despidos.
El macrismo tiene un ojo puesto en el déficit y el otro en la inflación, que no da señales de debilitamiento sino todo lo contrario.
La parada en el Congreso para definir las nuevas reglas de juego en la aplicación del impuesto a las ganancias se avizora difícil. En la campaña presidencial del año pasado se hizo mucha demagogia con el tema, y ahora, oficialistas y opositores tienen que actuar con sensatez pero sin olvidar el bolsillo de los asalariados.