Londres
“No podía concentrarme ni siquiera en las actividades diarias más sencillas. No sabía que tenía un problema con el porno. No lo reconocía, pero fui un adicto durante seis años”. Así describe Daniel Simmons su relación con la pornografía, que comenzó cuando cumplió 15 años.
Sus padres le regalaron una computadora portátil y, como muchos adolescentes, comenzó a buscar en internet sitios sobre el tema. “Rápidamente se convirtió en una actividad diaria. Veía porno dos horas cada día. Y en algún momento, el contenido que empecé a consumir empezó a perturbarme”, cuenta Simmons.
Cuando las cosas empezaron a salirse de su control, se tropezó en internet con un sitio web dedicado a la adicción a la pornografía y dejó de sentir que estaba solo.
“Decidí abstenerme del porno y la masturbación por 100 días. Las primeras dos semanas fueron horribles, tuve muchos cambios de humor. Fue realmente difícil”, recuerda Simmons.
Según la Universidad de Cambridge, el cerebro de los adictos a las drogas reacciona de forma parecida al de quienes sufren de adicción sexual.