Criticado por su estilo de vida poco saludable –llegó a confesar que a la noche no puede dormir porque se tienta “en salir a tomar a algún boliche”– y denunciado en 2017 por su ex pareja por golpes, el futbolista Ricardo Centurión se convirtió en el primer jugador en cuyo contrato se incluyó una cláusula de rescisión en caso de violencia de género. Una medida inédita para el fútbol argentino, sobre todo porque la dirigente de Vélez, antes de contratar al delantero, consultó al área de Violencia de Género que funciona en la institución.
“La mirada va a estar puesta sobre él”. La frase no la dijo el técnico Gabriel Heinze, que se caracteriza por una autoridad rigurosa para con sus jugadores, sino por la abogada encargada del área. La medida contrasta con la que tomó Racing a fines de 2019 cuando se conoció la denuncia por agresión de la pareja del delantero Jonatan Cristaldo. En un principio, el club dijo que no iba a tomar ninguna medida pero teniendo en cuenta que esa postura le traería fuertes críticas, el presidente Víctor Blanco dio instrucciones para que el delantero fuera separado del plantel por unos días. Decisión que no se tomó como sanción sino para que se aclarara la situación. Aún más, Futbolistas Argentinos Agremiados se mantuvo en silencio. Unos días después, Cristaldo volvió a entrar a una cancha.
El tiempo demostrará si la presión de esa cláusula en el contrato y la severidad de un técnico podrán domar la locura e irreverencia que despliega el talentoso Centurión dentro y fuera de la cancha y que lo mantienen siempre en la cornisa. Y sobre todo en la mira permanente de aquellos que están pendientes de que alguna miseria ajena trascienda.