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Le puse el cuerpo al Plan MBD15 de Facu Pereyra y así me fue

Es el gastroenterólogo del momento. De Cipolletti al mundo, en Instagram lo siguen más de 200 mil personas de distintas nacionalidades. Su libro para sanar el intestino en 15 días se volvió un best seller, y este cronista experimenta en primera persona qué tan efectivo puede resultar su método

Conozco mucho de dietas y planes alimenticios. El primer consultorio de una nutricionista lo pisé a los nueve años, cuando mi madre advirtió que empezaba a crecer para los costados de manera desproporcionada. No surtió efecto. Al otro año me mandó a la versión para niños de ALCO (Asociación Lucha Contra la Obesidad), donde discípulos del Dr. Cormillot ponían en práctica lo que años después terminó siendo el programa de tv “Cuestión de Peso”. Allí una pequeña congregación de gorditos intentábamos aprender a reducir cantidades, respetar horarios de alimentación, y a suplantar facturas por galletas de arroz. Teníamos pesajes semanales y estrictos, pero tampoco bajé nada. Recién en las épocas de vida universitaria adelgacé más de 20 kilos, que con el tiempo volví a recuperar. Ya por un tema de salud más que por cuestiones estéticas, de adulto incursioné en la dieta Scardale y en la cetogénica. También fracasé. A los 38 años, con un diagnóstico de síndrome metabólico y todo el riesgo de padecer alguna enfermedad cardíaca, diabetes o presión arterial, me recomendaron seguir en Instagram a un médico gastroenterólogo de Cipolletti que “es un hit en las redes sociales y que tal vez podría ayudarte”: el Dr. Facu Pereyra y su plan MBD15, diseñado para resetear los intestinos y sanar más de quince enfermedades. A ver…

Empiezo a seguirlo en Instagram, como ya lo están haciendo otras 248 mil personas. ¿Quién es este? Me pregunto desconcertado, al advertir que esa cantidad de gente representa más de tres monumentales llenos, todos queriendo interiorizarse sobre temas intestinales. ¿Estará casado con alguna famosa? Sigo indagando. Pero no, en el feed predominan transmisiones en vivo que son una especie de consultorio online, en donde gente de todas partes de Latinoamérica deja sus inquietudes, y en las que este médico especialista en medicina interna, gastroenterología y endoscopía digestiva evalúa si son candidatos a realizar este programa de quince días que “pone en reposo tu digestión para mejorar tu calidad de vida”. También veo y escucho casos de éxito y compro: voy a ponerle el cuerpo.

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No tengo casi nada por perder. Peso 96 kilos, tengo los pies hinchados, y acaban de salirme ronchas en la piel. Me pica todo el cuerpo y me rasco hasta lastimarme. También me falta energía y me siento triste. Aunque todavía no asocie estos síntomas con la dieta, repaso lo mal que vengo alimentándome: en los últimos días comí tres veces asado, frituras, harinas en todas sus versiones, tomé vino, gin tonic, helado y analgésicos para el dolor de cabeza. No puedo más.

Con un autotest que está disponible en su web compruebo que formo parte del 30% de la población que padece Intestino permeable, un síndrome que provoca que toxinas del intestino se filtren hacia el torrente sanguíneo, generando distintos malestares como gastritis, colon irritable, reflujo, constipación, diarrea y distensión abdominal. También una lista interminable de síntomas extradigestivos, entre ellos hinchazón en distintas partes del cuerpo, falta de energía, molestias articulares e inestabilidad anímica. Para contrarrestar y aliviar estos y otros padecimientos, el reseteo propone una dieta libre de trigo, azúcar, mate, café, alcohol, lácteos y carne roja; la eliminación de frutas y verduras inflamatorias, la incorporación de alimentos reales y saludables, y algunos suplementos como magnesio, probióticos, omega 3 y vinagre de manzana. También ejercicio y meditaciones diarias. Tanta información junta me abruma, pero sigo adelante. Son dos semanitas nomás, intento consolarme.

Entonces me convierto en una de las dos mil personas que por mes realizan el MBD15. También espero ser parte del 90% de la gente que se cura o que alivia sus malestares, pero todavía falta para eso. Acabo de desembolsar 3.900 pesos para ingresar en un grupo de WhatsApp, que servirá como guía y acompañamiento en todo este camino. Si bien el plan ofrece la posibilidad de hacerse de manera gratuita y autogestiva, siento que sin ayuda voy a claudicar el primer día. Además la cuenta me cierra: si adelgazo algunos kilos volverán a entrarme camisas y jeans que compré justo antes de pasarme al XL, y que todavía sin uso siguen esperando en el placard.

En el grupo somos 46 miembros: Andrea (la facilitadora), 44 mujeres y yo. Leo el PDF de recetas sugerido y siento que no estoy en condiciones de preparar casi ningún plato. Hay comidas que se ven tentadoras, pero necesito un chef en casa. Hay paso a paso para cocinar desde canelones hasta un bizcochuelo de polenta. ¿Algas Nori? ¿Bok Choy? No sé que son. Ni de nombre me suenan. ¿Cómo se usa el clavo de olor para condimentar? ¿Y el Cilantro? ¿Así que el mijo también es apto para el consumo humano y no sólo para pajaritos? Qué difícil va a estar esto…

Lo único bueno es que el plan no te dice qué comer cada día. Te presenta una lista de alimentos permitidos, otra de prohibidos, los productos que no pueden combinarse, y diferentes opciones acordes a tu bolsillo. Armo un plan semanal en función de mis limitaciones culinarias y lo pego en la heladera. Aunque sugieran variedad y color, recurro a lo fácil, realizable y práctico: Pollo y pescado con verduras, tarta con masa de harina de trigo sarraceno (esta no tan fácil, de hecho me salió horrible), pastel de zapallo, sopa, fideos de arroz, omelette de tofu, y un chop suey. Para el desayuno incorporaré arepa, fruta, una clara de huevo a la plancha y un tecito verde. Hay productos que todavía no sé nombrar, pero ya aprendí que la cúrcuma es un polvito mágico lleno de propiedades, que cuatro nueces diarias ayudan a la pérdida de peso y a sentirnos felices, y que el caldo de huesos es espectacular para el sistema inmunológico.

En caso de hacer algún desarreglo hay que volver al día uno, algo que no pienso hacer bajo ningún punto de vista. Focalizado en no dar ningún paso en falso salgo a andar en bicicleta, meto tres turnos de fútbol por semana, y también juego al paddle. Es verdad, no estoy haciendo las meditaciones sugeridas ni tomando los suplementos, pero en materia de alimentación y vida sana mi cuerpo nunca había experimentado algo similar. Me siento fit.

Pasan los primeros días y la magia ya está sucediendo, aunque no es magia. Sin embargo, los comentarios de las chicas en el grupo me dan la pauta de que muchas la están pasando mal. Algunas empeoraron sus síntomas, otras siguen con inflamación o dolor de cabeza, y están las que aseguran que dejar las harinas les provocó una especie de abstinencia. Andrea les explica que es parte del proceso. Las alienta a seguir, prometiéndoles que pronto se sentirán mejor. Entre ellas también se motivan entre sí y comparten las experiencias personales. Aprendo mucho de ellas y también me compadezco de sus malestares (todo desde las tinieblas, en los 15 días no hice ningún comentario en el grupo), pero nada puede opacar mi momento. Estoy óptimo, bajando de peso y con una energía inusual.

Llega el fin de semana y no pienso quedarme encerrado por una dieta. A la juntada con amigos llevo un tupper con fideítos sin gluten, que disfracé con una salsa de espinaca y pollo. Ellos brindan con cerveza y yo con agua mineral. En la oficina me cargan porque ahora sólo tomo mate de coco y como pochoclos, alimento estrella y aliado incondicional para saciar el hambre y la ansiedad. Yo desafío a mis compañeros a que sigan comiendo muerte en versión de torta frita o raspadita. No falta nada para que pueda decirles: “Mirá de quién te burlaste, Barney”.

Entro a la segunda semana del plan. La denominada Fase 2, en donde de manera progresiva se reincorporan la palta, manzana, espárragos, huevo entero, carne roja, ajo y tomate. La idea en esta instancia es poder identificar qué es lo que nos hace mal. Con poca destreza para escuchar mi cuerpo no logro individualizar ninguno, así que paulatinamente vuelvo a comer de todo, excepto harinas y endulzantes. Al finalizar el plan, o la versión que pude hacer del mismo, adelgazo seis kilos y me siento Rocky. Estoy activo, contento y descansado.

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Un encuentro con el influencer de la salud

Pasaron tres meses desde que le puse el cuerpo al MBD15 y ahora peso 83kg. Aunque sólo hice el plan durante dos semanas, pasado ese tiempo seguí bajando de peso y hasta el momento llevo adelgazados 13 kg. En todo esto mucho tuvo que ver el hecho de que se me haya convertido en hábito la actividad física diaria, sigo sin consumir ningún tipo de endulzantes, y también reduje casi al 100% el consumo de harinas. Este combo hizo que desaparecieran mis malestares digestivos, los anímicos y hasta mejoré los niveles de ácido úrico y colesterol. Ojo, tampoco es que me haya vuelto ortoréxico: si hay asado me prendo, de vez en cuando pido alguna pizza, y excepcionalmente tomo alcohol.

Así de renovado - y vestido con pilchas que antes no me entraban- voy a la Feria Internacional del Libro de Neuquén a ver al Dr. Facu Pereyra. En el auditorio del Museo de Bellas Artes unas cien personas escuchan la presentación de “Reseteá tus Intestinos”, un libro que el dueño de Manuscritos (fue el primero en comercializarlo) me dice que es un éxito, el más vendido, un Best Seller. A los cinco minutos de haber empezado la charla, el doctor convierte el espacio en un consultorio comunitario, en donde los asistentes cuentan con valentía y sin timidez problemas de constipación, hipotiroidismo o depresión.

Cuando este conversatorio finalice me contará que el iniciador del método fue su padre, Juan Carlos (un cipoleño que es una eminencia en gastroenterología), quien comprobó que quitándoles el gluten y los lácteos a sus pacientes podía curarlos de cuestiones digestivas y mejorar la artritis, psoriasis y otras enfermedades crónicas. Facundo se interiorizó en la temática y empezó a estudiar la medicina alternativa y funcional de Estados Unidos, de donde recabó información para crear el MBD15: “me concentré en hacer un programa corto, que las personas reciban todo lo mejor que existe para su intestino, ya sea tradicional o alternativo, y en 2015 nació el método de forma gratuita”, cuenta a este cronista.

Si bien el programa ya tiene más de siete años y en la región es conocido por la mayoría de los que sufre algún padecimiento de este estilo, el gran boom iba a generarse durante la pandemia, donde este médico se convirtió en un influencer de la salud, algo que al principio no fue del todo bien recepcionado por sus colegas, sobre todo porque el método todavía no fue comprobado científicamente. “Yo siento que descubrí algo que debería ser conocido por la mayoría de las personas. Acá hay un diamante que merece ser difundido y hay mucha gente con enfermedades crónicas que están cansadas de deambular de médico en médico”, asegura.

Sus esfuerzos y los ingresos que genera el MBD15 están destinados para avalar científicamente su descubrimiento. Para ello ya contrató a cinco investigadores, con los que realizará exhaustivos testeos y mediciones de los pacientes a través de encuestas. Además, pretende traer una máquina de Estados Unidos que permite medir la permeabilidad intestinal: “Para que lo puedan enseñar e indicar los médicos de hospital se necesita la comprobación científica. Caso contrario, esto no va a dejar de ser un plan de redes sociales y no es lo que quiero. Nuestro sueño y objetivo es que esto pueda llegar a la medicina pública”, explicó.

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