Tuvo una vida de película. Nació en Santiago de Chile y, a los 14 años, con su madre cruzó la cordillera para instalarse en Argentina. Un tiempo después se especializó en arquitectura hospitalaria, desplegó su pasión por el dibujo y la pintura –que la llevó a exponer en México, España, Estados Unidos, Colombia, entre otros países– y con el golpe cívico-militar de 1976 sufrió la desaparición de varios amigos, lo que la llevó a exiliarse en Argelia. Con la vuelta de la democracia, Liliana Montes Lefort, quien murió el jueves a los 83 años, se puso al frente de la defensa del patrimonio edilicio de la ciudad de Neuquén realizando diversas investigaciones y publicaciones sobre edificios históricos. Fue una militante por la preservación edilicia en una sociedad que, según ella, les daba la espalda a sus edificios, a su historia. Más de una vez me explicó que la identidad “es una construcción social colectiva y constante”. Y así entendía también el hecho artístico.
Siempre recordaba que, cuando regresó del exilio, amigos y vecinos del barrio Salud Pública la recibieron junto a su marido con la casa llena de flores.
En nuestros encuentros siempre prevalecía la poesía y los poetas que admirábamos, porque Liliana abrazó la poesía, primero como lectora y después como escritora.
No podía ser de otra manera que Liliana viviera con su marido en la calle Estrella Construida, uno de los nombres que eligió junto con los vecinos del barrio Salud Pública y que fueron tomados de los versos del poema “Alturas de Machu Picchu” del poeta chileno Pablo Neruda.
Alguien la despidió el jueves afirmando que Liliana respiraba el desorden de este mundo y exhalaba belleza.
Liliana Montes Lefort fue una militante en defensa del patrimonio edilicio de la ciudad.