El otro factor que presiona la baja los precios es la mayor producción de hidrocarburos que registró Estados Unidos, que apostó años atrás al desarrollo de sus recursos no convencionales de gas y petróleo y le fue muy bien. De ser uno de los mayores importadores de energéticos pasó a ser un exportador neto. Pero hoy, EE.UU. sufre los efectos colaterales de su política energética. Gran cantidad de empresas petroleras abocadas a los no convencionales se ven al borde de la quiebra porque los precios no llegan a cubrir sus costos. La caída en los precios también golpea a las grandes compañías, que ajustan con despidos y postergación de proyectos. En este ajedrez también mueve las piezas Arabia Saudita. En el seno mismo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en la que es líder, la estrategia de no reducir las cuotas de producción con el fin de desplazar a pequeños competidores es cuestionada por países que como Venezuela, Argelia y Nigeria, tienen economías dependientes de las exportaciones de petróleo. El precio podría seguir bajando y estiman que se estabilizaría en los 20 u$s el barril, a la espera de una reactivación de la economía mundial.