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Estamos complicados. Los crímenes que más impacto tienen en la región son los femicidios y los que se producen en ocasión de robo. No son los más comunes; digo, lo más habitual que uno se encuentra revisando la estadística de homicidios son los muchachos que se emborrachan y a cuchillo o plomo ajustan algunas viejas diferencias. Así como lo lee, seguramente, salvo las familias de las víctimas, esos casos no tienen el morbo suficiente para tener mayor trascendencia.
Cuando hablamos del fenómeno del “true crime”, hacemos referencia a asesinatos que generan mucho interés en las audiencias. Reúnen una víctima que sensibiliza y una muerte macabra que genera suficiente indignación social.
Sí, las emociones, es ahí adonde tiene que ir dirigido todo.
Información sola no basta, se necesita de la viralización de los indignados, por una muerte, para que el Estado se interpele.
Les explico: el borracho muerto en un ajuste de cuentas no logra llegar a la cantidad de indignados suficientes para que haya un impacto. Pero piensen en el crimen de Cielo López. El hecho supera el seno familiar y suma elementos clave: se trata de una joven, mujer y descuartizada. Todo esto hizo escalar la atención pública y traccionó a los grupos de pares, feministas y vecinos. En el fondo, lo macabro predominó más que la idea de inseguridad.
Ahora, tenemos un comerciante chino con un proyectil en la cabeza tras un robo de 200 mil pesos.
Esta es la estadística que preocupa en la región, los crímenes en ocasión de robo, porque demuestran el grado de salvajismo de los delincuentes, y eso sí mete miedo.